Pedro Catalano, el último romántico

Pedro Catalano, el último romántico

Por Juan Manuel De Stefano. Pedro Catalano jugó de manera ininterrumpida 333 veces para el Deportivo Español en la Primera División. Ícono del fútbol argentino dice sentirse querido y respetado en todos lados.

Hoy es inesperado que ocurra. La globalización, los dólares, el poco amor a la camiseta, el tipo de torneos que se disputan, las urgencias, en síntesis: la vida. Cambia, todo cambia. Pero en una época era normal que un jugador vistiese una sola camiseta en toda su vida futbolística, dos, a lo sumo tres. Villa Dálmine (1975-76), Español (1976-1994) y Arsenal (1995-96) , así se resume la carrera de aquel gigante ( por estatura futbolística y física) arquero que arribó con su  adorado club en la C y terminó en la Primera División. Campeón dos veces en la C (1975 y 1979), una en la B (1984) y 371 encuentros disputados en Primera División. Tranquilo, serio, educado y respetuoso.  Tanto dentro como fuera de la cancha, Pedro sigue trabajando en Español. Hoy enseñándole a los más chicos cómo defenderse entre los 3 palos.

“Lo mío fue por la época. Hoy se van todos  rápido, los jugadores son negociados precipitadamente. Uno se identificaba más con el club, no sé a qué realmente atribuírselo. Siempre estuve muy cómodo. Una transferencia  no  me quitaba el sueño, yo nunca quise irme era una complicación familiar. La gente se identificaba conmigo y yo pude disfrutar de mi familia. Tengo claro que el dinero es secundario”, asegura con la convicción de quien se siente seguro y feliz con  las decisiones que tomó. “El mejor equipo que integré fue el del 85, que salió segundo de River (el del Bambino Veira, que un año más tarde seria Campeón del Mundo) a diez puntos cuando se disputaban de a dos, y nosotros le ganamos uno y empatamos el otro con ese equipazo. Fue increíble. Era nuestro primer año en Primera y si no estaban ellos, éramos nosotros los campeones.  Hicimos un buen colchón de puntos. Nos sirvió para permanecer por 14 años en la división”. Hace una pausa, lo mejor ya pasó. Un símbolo de la institución, como él habla con dolor de la hecatombe de su amado club, de su casa. Pero el dolor no le nubla las ideas, son claras y brotan en forma fluida, el análisis siempre a flor de piel. Así era cuando jugaba y de esa manera lo ve hoy en día.

“Después de esa hermosa etapa vino lo que todos sabemos: la debacle absoluta. Todo fue en caída libre…Y sin red. No fue sólo por Ríos Seoane (presidente del Deportivo en toda la etapa de oro y la otra). Es como le pasa a mucha gente que está muy bien y por un mal negocio o malas decisiones queda en la calle. Se convirtió en un club que empezó a traer jugadores de clubes grandes y nunca se había caracterizado por eso. Era un club humilde que se basaba en sus inferiores o traía jugadores de no tanto nombre pero que rendían muy bien. Correa, Batista, un montón de nombres más. Después nos fuimos yendo, llegó la quiebra y todo se desbarrancó. Y ahora el club está dependiendo de un comodato que es la misma corporación que compró las instalaciones que tiene unos años más y después se va renovando cada diez años. Es otra historia totalmente distinta. El club perdió más de la mitad de las instalaciones, le queda alguna cancha auxiliar y la principal. Estamos muy limitados, no se realiza ninguna otra actividad, no hay lugar físico”, asegura sin vacilar. Es un gran conocedor de  las bases de nuestro fútbol, trabajó en Rosario Central, Lanús, Huracán y dirigió en el interior en el Argentino A, B y C. No continuó porque  “Me cansé de viajar y extrañaba a la familia Además busqué algo que no dependiera tanto del resultado. Como entrenador de arqueros siento que encontré mi lugar. No tengo que andar buscando nada en ningún libro. La experiencia es lo más difícil de encontrar y no está en los manuales. Transmitirle eso a los chicos me llena y me da satisfacciones. No le encuentro sentido, por un peso más o menos, irme a trabajar a otro país y perder todo lo que tengo acá a nivel afectivo. Por eso preferí ser entrenador de arqueros”. Y sí, de arqueros, de eso se trata la charla. Imposible no marcar nombres propios hablando con una leyenda del arco. ¿Encuentra hoy en día algún “Catalano?. Y Pedro no duda: “ Creo que por estilo y sobriedad, sería Barovero. No es espectacular, es sobrio, nunca un gesto ni nada fuera de lugar. Incluso físicamente. Yo soy un poco más alto, pero lo veo parecido. Y en la Selección, realmente Romero no es un arquero de mi gusto. No lo estoy descalificando ni mucho menos. No me cierran algunas cosas pero eso no invalida que hizo un buen Mundial. Son gustos”. Reconoce que lo mejor que le quedó del pasado es el reconocimiento de la gente, lo siente en el día a día y no sólo en Español. Pero registra el peso que tiene su apellido en el club: “Todos me identifican con Español. Estamos juntos siempre. Me pone contento porque le tengo mucho cariño. Y siento ese afecto en la gente, en los hinchas. No tanto en algunos dirigentes, que parece que la presencia de los referentes, ídolos, íconos o como se quiera llamarlos, les molesta. Cuando uno anda siempre derecho en la vida y va de frente, hay lugares en los que esto no gusta tanto. Creo que ocurre por un poco de envidia e incapacidad O un poco de las dos cosas. Igual no me preocupa, tengo claro que el club es de los socios, es así”. Suena raro una declaración casi fastuosa en un tipo tan medido, pero se nota que tenía ganas de decirlo, de expresarlo y sacarlo afuera. Parece mentira pero es cierto, hay dirigentes que se creen más importantes que los jugadores, o ex jugadores que  hicieron  grande la historia de un club. Pasa y seguirá pasando. Para terminar, una reflexión que pinta de cuerpo entero lo realista que es Catalano: “Hay gente que se quedó en la historia. No nos tenemos que guiar por lo que fuimos sino por lo que somos, eso tiene que entender la gente. Un club de la B, la C, que estamos navegando y que nos va a costar mucho todo. Hay que estar bien parado y no pensar más allá. A veces uno dice y piensa en volver a ser pero es de la boca para afuera.  No es una realidad”.

Era la última pregunta pero se transformó en afirmación, sin que lo diga el gran Catalano: Español fue una utopía, un sueño hermoso que duró lo que duró. La única verdad es la realidad. Por más que  suene pesimista, es la actualidad del club; fría, distante y complicada. Lo afirmó el último romántico.