Producción alternativa y autogestiva para resistir la “guerra económica”

Por Camila Parodi desde Venezuela

Con la intención de acercarnos al cotidiano de la situación que vive Venezuela, y de analizar la dinámica actual de la revolución bolivariana desde distintas ópticas y espacios, Marcha entrevistó a Jaidi Ramos, educadora y referente de un proyecto productivo en la Comunidad Rural de Río Caro (estado Portuguesa), desde el cual padecen día a día las consecuencias de la “guerra económica” pero también se organizan para afrontarla y construir alternativas.

Venezuela atraviesa una situación compleja y sostenida en el tiempo de crisis económica, donde las y los más desfavorecidos son los sectores populares, que tienen que resolver un cotidiano en el que los grandes monopolios intentan, a través de distintos mecanismos, destruir la revolución.

Sin embargo, justamente desde abajo es donde se está construyendo la alternativa. El pueblo al que intentan desmoralizar organiza nuevas formas de producción y consumo que cuestionan e interpelan al capitalismo. Por eso, desde distintos rincones del país renace día a día la opción creativa de construcción de poder popular y es, ante tanto desconcierto y confusión, que esas voces toman más valor. Marcha visitó la experiencia de una población de las tantas que va construyendo una alternativa.

“Estamos en Rio Caro, Comunidad Rural del Municipio de Ospino en el estado de Portuguesa”, explica Jaidi Ramos sentada en el patio de su casa luego de habernos llevado a recorrer su pueblo. Se trata del corazón de Venezuela, un estado caracterizado por la cultura llanera desde la que se construye un fuerte trabajo artístico. En ese marco, el valor que tienen las y los educadores que se desempeñan en ese campo es imprescindible ya que, se trata de quienes sostienen y contagian la cultura viva de la revolución bolivariana.

“Aquí trabajo como maestra de artes escénicas y desde allí desarrollamos un proyecto endógeno llamado comuna educativa. Con ella formamos con, para y por el trabajo a las y los jóvenes de la escuela. Es uno de los principales fundamentos que tienen las Escuelas Bolivarianas. Esta crisis justamente la que nos está llevando a ser creativos”.

-¿En qué consiste el proyecto al que te referís como comuna educativa?

-Nosotros estamos desde el año pasado dándole vida a un terreno que tenemos en el que sembramos maíz, que se dio bien bonito, lo sembramos con los obreros de la comunidad, cuando se dio en su primera fase el jojoto (choclo) realizamos una experiencia de intercambio con todas las y los vecinos que se acercaron a trabajar, luego se llevaban una parte de la producción. Es el primer aporte de la cultura del trabajo, del hacer, acá en Rio Caro.

-¿Y cómo lo continuaron?

-La segunda actividad fue posicionar 60 sacos en distintas familias que habían perdido la cultura de elaborar la cachapa (alimento típico venezolano, una especie de tortilla de maíz), era tradición hacerla pero como ya la gente ha dejado de sembrar maíz y sólo hay tres o cuatro productores, que no lo venden ya que lo tienen vendido antes de sembrarlo, la lógica del capital. En contraposición, nuestra lógica, a través de la propuesta de producción de cachapa además de impulsar el trueque y el intercambio, también genera una cultura del trabajo colectivo y autogestivo, y un rescate de la cultura y de los lazos, ya que la cachapa se hace en familia y con vecinos.

Eso fue la primer fase del jojoto, una vez madurado se realizó una cosecha con estudiantes de la escuela y las y los obreros de la comunidad, se hicieron sacos de 50 kilos y se vendieron tanto para consumo humano como animal. Con ese dinero luego se hizo una repartición con el mismo principio que tenemos en nuestro país de la unidad cooperativa. Aquí con el dinero que le correspondió a la escuela se compró un molino de forma tal que para la próxima producción podamos hacer más cachapas y derivados del maíz de la escuela, como parte del menú de las y los estudiantes. Esta propuesta de la escuela quiere convertirse en una vitrina para que otras instituciones la imiten y entonces podamos nosotros producir el alimento que consumimos.

-¿Y para este año se encuentran realizando la producción de frijoles que nos llevaste a conocer?

-Exacto. Con el dinero que dejamos ahora nos encontramos en una tercera etapa de producción en la que sembramos frijoles en tres hectáreas. Ahora los y las estudiantes sembraron frijoles y esperamos cosechar en breve para garantizar el alimento de la escuela y las familias productoras. Estamos convencidas que la escuela no puede ser un espacio para cuidar y tener niños sólo para garantizarle el desarrollo alfanumérico sino que tiene que ser un espacio que vaya más allá y que fomente la cultura del trabajo y la organización desde el principio de esa etapa de la vida.

-Y desde el cotidiano aquí en Rio Caro, ¿cómo analizan la situación del país?

-Nuestro pueblo antes de que llegara el Comandante Hugo Chávez vivía en una oscuridad permanente, no conocía su historia y por eso no comprendía el presente. Las misiones surgidas en el año 2003 fueron muy positivas para la formación y el aprendizaje de nuestro pueblo, sin embargo desde 2007, entre elecciones y elecciones, esas iniciativas han perdido valor y se descuidó la formación política necesaria para el sostenimiento y fortalecimientos de la idea socialista.

La gente viene entendiendo lo que es salir de un modelo económico para ingresar en otro aunque en la actualidad los medios de comunicación se la pasen enunciando el fin de la revolución, lo que no entienden es que nuestro modelo aún no ha sido implantado en nuestra sociedad. En Venezuela aún reina el capitalismo y el monopolio de la empresa Polar que tienen todos los productos de comida e higiene. Por eso aquí surgen y se construyen alternativas.

-¿Cómo cuáles?

-Un ejemplo es la producción de artículos de limpieza e higiene, el gran faltante en la situación actual, detergente, jabón, cloro, cera, desinfectantes, desengrasantes, construimos la alternativa y estamos seguros que así como lo estamos haciendo acá se está realizando en otras comunidades. Por su parte, una familia entera también se encuentra haciendo para la comunidad y sus aledaños el café nuestro de cada día de forma orgánica, barata y autogestiva. Así también otros vecinos están produciendo harina de arroz, yuca y de maíz, y con esto demostramos que una torta no sólo se puede hacer con harina de trigo a su vez ya que no es un alimento típico nuestro.

-¿Es decir que se naturalizó una forma de consumo que intentan revertir?

-Sí, este contexto evidencia que nos desgastamos primero en el recurso financiero, que fue lo que produjo la economía dedicada solamente al petróleo, y no en lo que debería ser la prioridad para todo país que es la agricultura.

Yo pienso, como decía Marx, que hay dos condiciones mínimas para que haya sociedad, producción y reproducción de la especie humana, y nosotros descuidamos la primera ya que el sistema que impera es el de la acumulación de capitales. A su vez, contamos con un Estado que aún tiene prácticas burguesas y rentistas, por eso en Venezuela la sociedad está acostumbrada a no hacer nada para consumir.

Estamos acostumbrados a que nos den todo, y en sí ese es el nuevo desafío. La crisis que no es sólo aquí sino que es mundial y es esa crisis justamente la que nos está llevando a ser creativos, para producir con responsabilidad lo que consumimos y necesitamos. Para esto se va a necesitar de mucha gente consciente que impulse la producción alternativa. Es un salto creativo y laborioso. Nos encontramos en un momento en el que son muchos los que critican pero pocos los que proponen, y eso molesta, agota. Por eso aquí estamos sembrando y produciendo, haciendo. Y a mostrar con eso que se puede.

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