¿Qué opciones hay frente a la deuda odiosa del FMI?

Ayer llegó la primera delegación del FMI de la era Fernández con el fin de comenzar las negociaciones. Con un cronograma a contrarreloj, el gobierno busca renegociar la deuda que la gestión de Mauricio Macri supo llevar a niveles nunca antes vistos en nuestro país. ¿Es legítima la deuda? ¿Hay otras alternativas a pagar?

Por Iván Barrera y Francisco Cantamutto | Fotos de Juan Pérez Noy

Una nueva misión del FMI arribó al país esta semana, la primera visita del organismo internacional desde la asunción de Alberto Fernández. La delegación busca realizar un diagnóstico de cuentas públicas para entender la situación económica y financiera del país y las pretensiones del flamante equipo económico para el corto plazo. Esta llegada coincidió con el regreso de Alberto Fernández de su gira europea, cuyo objetivo principal fue buscar apoyo en la renegociación de la deuda, y con la presentación del ministro de economía Martín Guzmán ante la Cámara de Diputados.

El Ministro de Economía de la Nación, en su exposición de ayer, descartó una reducción del déficit fiscal para el 2020 y se encargó de remarcar que la condición primordial para el pago de la deuda es la “sostenibilidad”, además de señalar al FMI como uno de los responsables de la crisis actual. Guzmán, junto con Alberto Fernández, no están tocando el presupuesto que heredaron de Macri y dicen que no pueden arreglar un nuevo plan en tanto no acuerden con los acreedores porque no saben cuáles serán los requerimientos del pago. Los acreedores, por su parte, dicen que quieren tener un programa para saber si es sostenible o no. En ese tire y afloje están haciendo reuniones con acreedores pero, centralmente, y este fue el motivo de la gira internacional de Alberto, con líderes mundiales para obtener su apoyo, mandatarios de gobiernos que son acreedores del Club de París y que tienen influencia en el FMI. El Presidente ha conseguido el respaldo de casi todo el sistema político, con excepción de la izquierda y algunas organizaciones y movimientos sociales que movilizaron martes y miércoles contra el pago de la deuda.

La nueva misión del FMI encara conversaciones con locutores que buscan distanciarse del prototipo cambiemita con diferencias internas, incluso, en el frente gobernante. Distintas respuestas aparecen frente a la pregunta sobre el pago de la deuda externa: ¿Se puede pagar? ¿Es legítima? ¿Hay que renegociar? ¿Hay que pagar, pero buscando las mejores condiciones para el pueblo? y, tal vez la más incómoda de todas, ¿se puede no pagar la deuda externa?

La deuda eterna

El quiebre que se produce en 2015, tras doce años de gobiernos kirchneristas, separa dos posturas claramente definidas respecto a la deuda externa. El modelo kirchnerista se presentó como un pagador serial de la deuda, desde la salida del default, tras un largo proceso de restructuración de la deuda, pasando por una pelea sin resolución con los fondos buitre. En contraposición, el modelo cambiemita se presentó como un tomador serial de deuda, pagando la deuda usurera con los fondos buitre y tomando deuda de todo tipo y color: bonos del tesoro, títulos a pagar a 100 años, deuda con privados y con distintos organismos internacionales hasta llegar al siempre apreciado Fondo Monetario Internacional.

Es la deuda con el FMI la que más compromete la situación financiera y la soberanía económica de nuestro país. Este préstamo fue presentado en su momento con bombos y platillos como el mayor de la historia de ese organismo internacional. La realidad de hoy, solo un año y medio después de acordado el empréstito, es que el dinero que ingresó vía FMI ya no se encuentra en las arcas y la deuda es totalmente insostenible para la economía argentina.

Las variables que maneja el gabinete de Alberto Fernández son una quita en el monto, la reducción de las tasas de interés o un estiramiento de los plazos. Esto último implicaría reformas estructurales lo cual, discursivamente por lo menos, ha descartado. Las reducciones de montos y de las tasas de interés están negociándolo con los acreedores privados, y hasta el propio FMI recomendó una quita del 20%.

Las reservas disponibles en el BCRA no alcanzarían para pagar más allá de mayo o junio, dependiendo de la capacidad de hacer roll over (reestructurar la deuda) que tenga el gobierno. Los tiempos son muy cortos y urge una negociación contrarreloj. Más allá de mayo, la economía argentina no contaría con reservas para hacer frente a las obligaciones. El ministro Martín Guzmán estima cerrar las negociaciones el 31 de marzo, fecha que no tiene muchos antecedentes pero tampoco tiene otra posibilidad. Argentina se quedaría sin reservas o entraría en default o ambas cosas a la vez.

¿Por qué es  importante negociar con el FMI? La deuda con este organismo acumula un tercio de la deuda del país en moneda extranjera. El resto de la deuda está compuesta por acreedores privados, el Club de París y deudas con la ONU y otras organizaciones donde no se está pagando la cuota. El FMI tiene la llave del sistema financiero internacional y, en caso de querer seguir haciendo frente a las obligaciones internacionales, es necesario negociar con él para poder hacerlo con el resto de los acreedores.

¿Es legítima la deuda contraída con el FMI?

Este punto es, tal vez, el más resonante cada vez que se instala el pago de la deuda en la esfera pública. Desde los partidos y movimientos sociales alineados a la izquierda, existe una exigencia histórica de no hacer frente a la deuda, mucho menos sin hacer un juicio sobre su legitimidad y legalidad.

A esta postura se le sumó una voz hasta ahora inédita en este tema. La actual vicepresidenta de la Nación, Cristina Fernández, en su presentación en La Habana propuso la creación de un “Nunca Más de la deuda externa”, así como también señaló las inconsistencias internas del organismo internacional. El estatuto del FMI prohíbe realizar préstamos cuyo destino sea la fuga de capitales, por lo tanto la deuda con el gobierno cambiemita fue una clara violación a esta norma.

Incluso muchos sectores del actual gobierno denunciaron la toma de deuda para la fuga de capitales, por la cual hasta  está procesado el ex Ministro de Finanzas macrista Luis Caputo. Sin embargo, ahora acuerdan en que no hay que discutir la legalidad de la deuda sino cómo pagar. Si bien proponen una modalidad sostenible, no discuten el destino de esa plata. Lo que las organizaciones sociales y partidos de izquierda reclaman es el cese de los pagos y una auditoria veloz que incluya componentes jurídicos, políticos y sociales y que contemple la corresponsabilidad del Fondo que violó su propio estatuto prestando para la fuga de capitales y sobrepasando el límite de su cuota por una necesidad geopolítica del principal socio del FMI, Estados Unidos.  Es necesario hacer un censo de acreedores que identifique las distintas necesidades, ya que puede haber pequeños acreedores que no pueden tolerar una quita pero sí los grandes acreedores, teniendo en cuenta que los bonos están cotizando a la mitad de su valor.

Hace falta una evaluación profunda no solo de los errores de diagnóstico del FMI, sino también de la conveniencia con la aplicación de políticas, alrededor del mundo, contrarias a los intereses de las mayorías populares. Algo semejante aplica para la deuda del Club de París, que es la refinanciación en 2014 hecha por Kicillof de la deuda contraída en la dictadura.

¿Se puede no pagar la deuda externa?

Hay una idea instalada de que hay que honrar los compromisos del país y que la deuda debe pagarse siempre. Luego se abre un abanico de mitos y verdades acerca de las consecuencias del no pago de la deuda. La primera gran consecuencia del no pago de la deuda es el cierre casi definitivo del financiamiento externo. Ningún país u organismo estaría dispuesto a prestarle dinero a un país que no hace frente a sus obligaciones, o lo haría a tasas elevadas. A este panorama hay que sumarle la situación regional donde el gobierno no tiene aliados clave como en su momento fueron Venezuela, Bolivia y Brasil.

¿Por qué es necesario el endeudamiento externo? En Argentina, la toma de deuda en moneda extranjera tiene distintos objetivos. Por un lado, se toma deuda para pagar otra deuda. En este caso, si se decide no pagar ninguna obligación, no sería necesario seguir bicicleteando la deuda. Otro motivo de la toma de deuda es sanear la fuga de capitales para controlar el tipo de cambio. Esto fue una constante en el gobierno cambiemita: inversores venían con dólares a la Argentina, invertían en bonos o plazos fijos con tasas extraordinarias (de más del 55% anual durante el gobierno de Macri) y, al no existir un cepo o control de cambios, se llevaban una rentabilidad extraordinaria en dólares.

Luego, existen dos objetivos más: por un lado financiar la diferencia de la balanza comercial, es decir, la diferencia entre lo que se exporta y lo que se importa, siendo siempre mayor esto último. Por otro lado, los economistas neoliberales suelen argumentar que la deuda externa se utiliza para financiar el déficit fiscal, omitiendo que este último es en pesos, es decir, no requiere moneda extranjera.

En otros casos no necesariamente es así. Algunos préstamos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) o del Banco Mundial, si bien se puede discrepar con la evaluación que hacen de las políticas sociales, tienen una aplicación concreta que no se usan para la fuga de capitales o que sean imposibles de pagar.

Hay entidades del propio Estado que poseen bonos de deuda, una parte menor en el caso actual argentino, que podrían refinanciar de manera automática al propio Estado sin caer en problemas de falta de fondos, como se hizo durante el kirchnerismo. Por último, tenemos a los acreedores privados entre los cuales hay que diferenciar los bonistas de baja escala, incluso Pymes que han participado de la compra de bonos no con objetivos de especulación sino para mantener el valor de sus activos. No es el caso de los grandes bancos o los fondos de inversión que especulan hoy con la Argentina.

Ahora, ¿se puede crecer sin pagar la deuda externa? La respuesta es sí, aunque el panorama ahora es sumamente diferente, con un bloque regional distinto, el fin de boom sojero, los nuevos competidores y el conservadurismo de Estados Unidos, China y parte de la Unión Europea.

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¿Pagar, reestructurar o no pagar?

La única verdad es la realidad, y esta es que pagar la deuda con el FMI y los demás acreedores supondrá una gran carga para la economía argentina. Es decir, en la balanza de prioridades, que prime el pago de la deuda significa necesariamente postergar derechos y obligaciones sociales. Una solución que favorece a los grandes tenedores de deuda y, sobre todo, a aquellos que utilizan la deuda como timba, buscando multiplicar sus arcas a costas de obligaciones y soberanías para el país deudor. A la vez, aceptar el pago de la deuda impone medidas económicas que provocan un gran daño a la economía nacional cuyas consecuencias recaen sobre quienes menos tienen.

En el pago de la deuda también se abren dos aristas: hacerlo con todas las de la ley o entablar negociaciones para hacer ajustes en los montos a pagar y en el calendario de pagos. En el mismo gobierno hay distintas posturas: Cristina está a favor de una negociación con quita y reestructuración, Alberto piensa que hay que pagar todo lo que se debe pero con un calendario flexible y Martín Guzmán jugando de líbero entre ambas posturas con vistas a las cuentas nacionales. En las calles, los movimientos sociales también muestran distintas posturas.

Las organizaciones sociales que integran la UTEP marcharon el día miércoles bajo la consigna “La deuda es con el pueblo”. El secretario general, Esteban “Gringo” Castro, explicó que “estamos de acuerdo en que se haga una negociación, pero esa negociación tiene que ser a favor de los sectores populares”. La movilización parece darle un respaldo a las negociaciones emprendidas por el gobierno nacional y a la vez se convierte en el primer despliegue en la calle de las organizaciones sociales que integran el gobierno. Un mensaje que parece ir en más de una dirección.

También desde las distintas fuerzas de la izquierda se han pronunciado en contra del pago de la deuda externa, una postura histórica que tiene distintos matices. Desde el FIT Unidad llaman a suspender al pago de la deuda, pero se diferenciaron de las demás organizaciones, y para ello convocaron a una movilización y acto propio el mismo miércoles.

En la CABA el espacio “Autoconvocatoria por la suspensión del pago e investigación de la deuda externa”, que reúne un amplio arco de organizaciones y agrupaciones de la izquierda, “convocan al pueblo argentino, a las diversas expresiones del campo popular, a unir esfuerzos para ejercer su derecho de enjuiciar la estafa de la Deuda Pública y al Fondo Monetario Internacional, por todos los crímenes y daños que provocaron y provocan”. Para ello se lanzó el Juicio Popular al FMI, una actividad que se realizó frente a las oficinas del organismo internacional y que promete replicarse en distintos espacios a lo largo y ancho del país en los próximos meses. Tal como lo advierten en la declaración, “con un tercio de la población en la pobreza, una desocupación que supera los dos dígitos y salarios y jubilaciones por debajo de la canasta básica, no hay nada que negociar con el FMI y nada tiene que hacer acá”.

Beatriz Rajland, fundadora de ATTAC Argentina, sumó que “la recientemente aprobada ley de “sostenibilidad” de la deuda pública externa argentina, la considera prioritaria para el interés del país, dejando atrás en primer lugar la deuda interna social con el propio pueblo argentino”, afirmó que esta ley “intenta legitimar una deuda que es ilegítima desde su propio origen” y advirtió que esta ley “autoriza a renunciar a la defensa de inmunidad soberana respecto a nuestro patrimonio y a emitir nuevos títulos públicos que se agregarían a la crítica situación que vivimos. Como vemos, una vez más se privilegian los intereses de las grandes corporaciones por encima de los del pueblo”.

Con la restructuración de la deuda de la provincia de Buenos Aires, los acreedores demostraron tener la capacidad de coordinarse para presionar al gobierno, cuando solo les solicitaba extender los plazos sin ningún tipo de quita, reconociendo parte del capital a término y pagando todos los intereses. Un mal antecedente para la negociación a nivel nacional.

Lamentablemente, la mayor parte de los bonos está en manos de estos fondos especulativos que van a negociar, como demostraron con la deuda de la provincia de Buenos Aires, de forma agresiva. Una agresividad que debe ser contrarrestada con igual fortaleza. En definitiva, lo que es necesario es una reestructuración integral del sistema financiero internacional más amplia que la que afecta directamente a la Argentina.