Radiografías de la interna peronista bonaerense

Por Bernabé Ferreyra

Se calienta la interna para ver quién será el sucesor de Daniel Scioli en la provincia de Buenos Aires.

Mientras los porteños se preparan para un nuevo sufragio que determinará en la Ciudad de Buenos Aires quien será el nuevo jefe de gobierno, la provincia donde pisa fuerte el actual gobernador y candidato presidencial del FpV, Daniel Scioli, se caldea al ritmo de lo que va marcando el escenario nacional.

Se acercan las PASO de agosto en una de las provincias que marca el termómetro electoral y con ella las acusaciones y reclamos hacia el interior de cada fuerza política. Con la dupla del FpV que conformaron Aníbal Fernández y Julián Domínguez, los cruces y chicanas en la contienda por ver quién es más peronista, ponen sobre la mesa la disputa por el aparato político. Lo que no aparece aún es cuales son las propuestas de esta plataforma y su agenda, si es que ganan.

Repasemos algunos de estos cruces para ver la fotografía completa de las distintas posiciones que se enfrentan en la nunca mejor llamada, interna kirchnerista. Hace unos días Aníbal Fernández acusó a Julián Domínguez y a Fernando Espinoza (el actual intendente del partido de la Matanza y el acompañante de fórmula) de presionar a “los intendentes peronistas a esconder la boleta” de la fórmula que comparte con Martín Sabbatella. “Hay veinte intendentes que me llamaron y están dispuestos a decirlo”, aseguró el actual jefe de Gabinete de la Nación. “Paren con insistir con mis disculpas porque le pediré a los veinte que hagan conocer públicamente el llamado”, declaró. Frente a esto el actual presidente de la Cámara de Diputados y candidato en las PASO bonaerenses, Julián Domínguez, le respondió que si va a acusar a alguien “las cosas se dicen con nombre y apellido”. Remató que “el planteo es absolutamente infantil”.

La estrategia de guerra de Julián Domínguez  pasa por atacar todos los flancos. El actual titular de la AFSCA y acompañante de fórmula de Fernández también mereció unas palabras. La disputa por el ser peronista se juega paso a paso. “Sabbatella no tiene historia en el peronismo. No está afiliado a nuestro partido” declaró por estos días.

Si bien a Aníbal Fernández le duelen los tiros, por ahora no le preocupan. Las encuestas recientes le muestran aval de la población y aunque no pueda hacerlo público, parece ser el candidato preferido de Daniel Scioli. Por su parte, Espinoza, titular del partido justicialista bonaerense, se tomó licencia para no generar “ventajas”. Una movida que si les sale bien, puede generar no solo empatía en la opinión pública, sino ganar adeptos dentro del partido.

Caníbal de su estilo

Aníbal Fernández  que ya cumplió el rol de jefe de Gabinete previamente durante la primera presidencia de Cristina Fernández, irrumpió en la política cuando la democracia volvía a nuestro país como asesor de la Comisión de Presupuesto de la Cámara de Senadores de la Provincia de Buenos Aires. Tras varios cargos de bajo calibre, el camaleónico funcionario logró llegar a la intendencia de Quilmes, su ciudad natal, en 1991. Allí tuvo que sortear su primera polémica cuando el juez en lo correccional y criminal, Ariel González Elicabe, lo imputó con los cargos de “falsificación de documento público” y ordenó su captura en el marco de una causa en la que se investigaba la contratación de un estudio jurídico para negociar la deuda de ese municipio con la empresa Aguas Argentinas. En esa oportunidad el quilmeño, con cintura política y judicial, movió rápido a sus abogados que presentaron un hábeas corpus en los Tribunales y la orden de captura fue revocada, saliendo airoso de aquel escándalo.

Su fidelidad al partido justicialista y en ese momento, a Eduardo Duhalde, le valió su vasto ascenso: fue Secretario de Gobierno de la provincia de Buenos Aires durante la gobernación del quilmeño; ministro de Trabajo de la provincia de Buenos Aires durante la gobernación de Carlos Ruckauf y fue Secretario general de la Presidencia durante el breve paso por el sillón de Rivadavia de Eduardo Duhalde. Por este último cargo, es acusado por organizaciones sociales y familiares como uno de responsables políticos del asesinato de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki en 2001, en lo que se dio por llamar la Masacre de Avellaneda. Ruckauf también integra la lista de responsables políticos de dichos asesinatos. En 2005, cuando fue citado por la Justicia a declarar dijo “no tiene sentido mi presencia, pero por qué negarse a un pedido de la Justicia”. Recientemente afirmó que no tiene ninguna responsabilidad ya que por ese entonces no se encontraba en país, aunque en sus  declaraciones a Página/12 de septiembre de 2005 sostuvo: “Volví el 26 de junio a las 15 horas, y los chicos fueron fusilados literalmente el 26 de junio a las 13 horas, con lo cual desconozco qué sucedió”.

El barón quilmeño tiene la capacidad de rearmarse en cualquier estructura política. Durante el kirchnerismo también tuvo su lugar como ministro del Interior en 2004; ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos en 2007; jefe de Gabinete de Ministros en 2009 y actualmente; Senador de la Nación y Secretario de la Presidencia. Hoy, es pre candidato a gobernador por la Provincia y está en juego todo su poder dentro de la partido justicialista. Del otro lado, se enfrenta a Julián Domínguez, un acérrimo fundamentalista católico y del PJ provincial.

Domínguez te saludan los soldados de Perón

Oriundo de Chacabuco, también tiene una carrera dentro del partido justicialista bonaerense y es abogado como el Jefe de Gabinete. Su actividad política se inició en 1999 cuando asumió como ministro de Obras Públicas bonaerense de la mano de Ruckauf. Tras la crisis de 2001, fue vicejefe de gabinete de Alfredo Atanasof en 2002 (también señalado como responsable político en la Masacre de Avellaneda) y fue jefe de campaña de Chiche Duhalde en 2005 cuando competía por un lugar en el senado contra Cristina Fernández. En 2009, la misma presidenta lo designaría ministro de Agricultura. En 2011 fue electo diputado nacional y elegido presidente de la cámara, ocupa hasta hoy ambos cargos y tiene el tercer lugar de sucesión presidencial en caso de acefalia.

Dentro del partido lo suelen describir como un cuadro fervientemente orgánico y vertical e indiferente con quienes no están en su misma línea. El año pasado quería ir por la presidencia pero tras una reunión con la presidenta decidió bajar su candidatura a la gobernación. Lo une a Cristina el proyecto para la Capital Federal del puerto hacia el norte del país, aunque no comparten la misma idea política agroexportadora.

Otro de los pilares de Domínguez es su cercana relación con la Iglesia. Aunque dio su apoyo desde la cámara a la reforma del Código Civil, no así desde lo personal, tras las presiones del episcopado.

Ferviente católico y socialmente conservador, Domínguez conoce al Papa Francisco desde su juventud, cuando participaba de los campamentos de agrupaciones católicas y Bergoglio oficiaba las misas. Y con quien hoy mantiene una estrecha relación.

En su estrategia provincial, se encarga de recorrer las diferentes secciones electorales juntando fuerza territorial y sumando intendentes junto a su compañero de fórmula, Fernando Espinoza. Ya favorito entre la mayoría de los dirigentes y funcionarios del PJ bonaerense, también tiene el apoyo de varios gremios y la CGT oficial. Antonio Caló, quien conduce la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) hizo público de hecho el apoyo a su candidatura, al igual que lo hicieron otros cuarenta representantes de sindicatos.

La contienda electoral de estos pesos pesados del PJ está en juego y solo falta esperar el resultado de quién mueve mejor sus fichas dentro del aparato bonaerense. La construcción territorial y el trabajo de campaña apuntan cada cual desde su mirilla a un fin en común: que la provincia siga con la misma línea pejotista de la cual no puede escapar desde la llegada de la democracia, hace más de 30 años.