Rata Blanca, una Tormenta eléctrica

Por Sebastián Lanzilotta

A poco de su salida, te contamos de qué viene el décimo disco de la emblemática banda liderada por Giardino; Tormenta eléctrica

 

El pálido roedor del Bajo Flores salió a la luz con su décimo álbum de estudio bautizado “Tormenta eléctrica”. Fue grabado en los Brotheryn Studios de California por los técnicos Dave Jenkins y Jason Mariani (mientras la banda giraba por el país de Obama); y mezclado en Roma Phonic (Buenos Aires, Argentina) entre abril y julio del corriente año calendario. La magnífica portada “tolkieniana” estuvo a cargo del artista chileno Claudio Bergamin (genio, si los hay), donde podemos ver a sus integrantes delante de un mítico castillo y en medio de una perturbación atmosférica.

Ahora sí, cuando damos play nos topamos con la ortodoxa intro de la escuadra de Walter Giardino en la cual no se ausenta de nuestra imaginación el sobrevuelo de algún dragón o de un ordinario caballero galopando con espada en mano y capa al viento por el centro de un bosque medieval. El track homónimo (con ribetes a Ozzy Osbourne) no se demora más, dejando en claro que desde los primeros acordes lo que invade nuestros oídos es Rata Blanca señores y que nadie se le avecina a esas melodías por estas latitudes. Básicamente y para el regocijo de los fans, lo pomposo y épico me recordó a la génesis de “La llave de la puerta secreta”. “Los chicos quieren rock” (de riff  entrecortado y característico) resulta hitero de profesión; “Tan lejos de aquel sueño” (en la vena AOR) está condenado a las listas de FM y a un futuro videoclip (¡por favor!), nació para ser clásico, lisa y llanamente; mientras “Rock n’ Roll hotel” destila talento por doquier (como Messi… en Barcelona). Pasan los minutos y la obra se pone cada vez más rockera (más que sus predecesoras en el global), ganchera, empachada de medios tiempos estridentes y con sobradas muestras de adrenalina. El regusto por las bandas de Blackmore y compañía es sin duda el norte de la agrupación, aunque de vez en cuando y afortunadamente en este CD, el olor a AC/DC se cuela por la ventana. Me sorprendió para bien la abundancia de temas duros y directos que están alejados del tinte más neoclásico de su discografía. La versatilidad de Adrián Barilari resulta envidiable, como si los años no pasaran para sus cuerdas vocales (a la balada “Pequeño ángel oscuro” me remito); la sólida base rítmica se hace notar; Giardino (¡que decir!) pela como nunca, haciéndonos dudar de su procedencia terrenal; y una mención especial para el debut de Danilo Moschen en las teclas, interviniendo cuando las canciones se lo piden (no por demás) y de manera efectiva. “Batalla persa” es un cierre instrumental perfecto, como ese flan con dulce de leche al finalizar un asado. “Mansión de la adivina” es un bonus que aparece en la versión digital y que no tiene desperdicio, rico por donde se lo mire.

Un álbum que te garantiza felicidad sin la necesidad de que seas un seguidor acérrimo y que a la primera escucha, las melodías definidas de gran parte del tracklist se te impregnan en la conciencia hasta el punto de “tararearlas” cuando menos te lo imaginás. ¿Acaso el material más acertado de 2015 en lo que a música pesada se refiere?

El lanzamiento cuenta con una edición exclusiva y limitada para coleccionistas: Un maravilloso diseño en versión digipack 3D.

Se espera que la alineación brinde un poderoso concierto en el Luna Park el próximo 12 de septiembre para presentar el disco y que arranque una gira por el interior de Argentina y países aledaños.

Sin más rodeos, “Tormenta eléctrica” deja entrever el grado de madurez de Rata Blanca que, a casi tres décadas de sus primeros shows, prosigue con la misma pasión y motivación que en sus laureados comienzos. No por nada la prensa especializada los consideró como la banda de rock/metal de mayor jerarquía de habla hispana y la más reconocida internacionalmente por el mundo anglo.

Lo cierto es que después del lapso más silencioso (siete años) de su carrera, Walter y sus laderos se despacharon con un discazo de una calidad compositiva imposible de dilucidar a priori luego de la vara tan alta que había dejado “El reino olvidado”. Dicen que lo imposible sólo tarde un poco más.