Reflejos del 2001, desafíos del 2016

Por Lucas Morello

Perspectivas frente al escenario político actual de la Argentina.

Espejos y reflejos del 2001

Los quiebres políticos e históricos son producto de la lucha de clases, pero más que manifestarse en una lucha de clase contra clase, se dan cuando sectores diferentes construyen su antagonismo políticamente y lo expresan. Cuando un sector es capaz de encolumnar a varios detrás suyo, el quiebre es inminente.

En el 2001/2002 se cantaba “piquete y cacerola la lucha es una sola”. Sin embargo, aunque la presión fue unitaria, las luchas siempre fueron varias. Así se derrumbó el neoliberalismo, con los pies en la calle. Sin embargo los quiebres no son revoluciones, o no implican esto desde el principio.

A falta de proyecto político de los que gritaban “que se vayan todos”, buenas fueron las iniciativas de Kirchner y su inteligencia por erguir un movimiento y una conducción política que se presente como superadora de aquello que el pueblo en su diversidad había derrocado. Entre victorias y concesiones la institucionalidad se fue reconstruyendo. Las diversidades son riquezas, pero las diversidades sin proyecto político se transforman en flaquezas.

Hoy las cosas han cambiado aunque no es ocioso hacer referencia a hechos que pasaron en nuestra historia reciente y que están latentes en el imaginario popular.

Macri, está pasando más frío que hace un par de meses, entrado ya agosto, que podría ser una interesante antesala al levantamiento de la temperatura popular. Dos cacerolazos contra los tarifazos, resoluciones judiciales frente a sus medidas, y una marcha contra su gestión que, según estimaciones, oscila entre las treinta mil y cien mil personas de los sectores más pobres.

El neoliberalismo implicó una fuerte desarticulación del campo popular y de sus enclaves políticos y territoriales. Una vez consolidados muchos de ellos a lo largo de la resistencia al menemato, fueron los principales protagonistas después del estallido del 2001, en un alza sin precedentes de los que se conocería como el movimiento piquetero.

La clase media en su carácter de ahorrista -es decir, aquellos que pudieron surfear el neoliberalismo a base de mucho esfuerzo y “meritocracia” y lograron juntar unos dólares-, estalló cuando ese sueño entelequico se desmoronó y entendieron que también podían ser una variable de ajuste. Los piquetes que resonaron en Mosconi y Cutral-Có llegaron al conurbano y el corralito de Cavallo le puso el broche de oro a la indignación de los sectores medios.

Hoy los esquemas de reclamo y la sectorialización de la lucha parecería repetirse, pero bajo formas más complejas e indudablemente pisos más altos. Los 12 años de kirchnerismo implicaron un repolitización de los sectores medios, mismo la retórica kirchnerista se ocupó de endulzar al histórico enemigo “de clase” del peronismo, la clase media y su gorilismo. Por otro lado el recorrido de las organizaciones y movimientos político-sociales en más de quince años es difícil de resumir en pocas líneas, pero es importante marcar al menos mínimos puntos fundamentales.

De aquellas organizaciones de resistencia al neoliberalismo se ha pasado en muchos casos a organizaciones sociales con perspectivas políticas consolidadas, más sólidas y una denominación e identificación como sujeto trabajador particular sintetizado en la consigna de los “trabajadores de la economía popular” o los cooperativistas. Este campo es diverso. Están quienes prefieren poner el acento en su particularidad y remarcar su condición de trabajadores precarios para denunciar uno de los pilares del neoliberalismo que no fue modificado en los 12 años de kirchnerismo. Otros reconstruyen en la misma línea la identidad piquetera y la cooperativista y, más tenuemente, proclamaron frente al Gobierno de CFK que “somos lo que falta”, incluso apoyando a este.

La clase media urbana protagonizó dos importantes cacerolazos en los principales centros urbanos. El techo mezquino y corporativo de la lucha por los ahorro fue reemplazado por poner coto a un bestial tarifazo que afecta a todos los sectores, pero que sobre todo resquebraja los ingresos de una clase media ascendente en los últimos años que logró un grado de estabilidad asociado a un importante piso de politización. A las coordinadoras de desocupados se les condicen los movimientos territoriales y sus cooperativas con diversas perspectivas políticas pero con una acumulación social y territorial consolidada en los últimos 12 años. Sin embargo, las luchas con estos nuevos niveles se siguen dando sectorialmente.

Sin embargo, el 7 de agosto, junto con la protesta de la CGT de abril, fueron las manifestaciones de oposición política más contundentes que han padecido el gobierno actual. Por una parte no solo pudo reunir a la pata más social y “progresista” del kirchnerismo, sino que también a importantes sectores de la anteriormente mencionada “economía popular” nucleados mayormente en la CTEP, la CCC y Barrios de Pie. A su vez se vieron desfilar a los costados de aquellas columnas un importante número de las denominada “gente no organizada”, que hacían recordar la frase de aquel 2001 “la lucha es una sola”, pero… El problema ahora es político.

El problema es político

El arco del 7 de agosto es diverso y complejo. Las agendas son variadas y no parecerían estar allanados los caminos para una respuesta de conjunto a largo plazo frente al macrismo. Vale igualmente destacar que en el caso de las organizaciones kirchnerista, el Movimiento Evita (quien fue uno de los claros motorizadores de la jornada) logró impulsar la movilización más contundentemente política contra Macri sin la presencia de organizaciones relacionadas con el ala dura del mencionado espacio como La Cámpora o Nuevo Encuentro. Un Evita que es cuestionado por derecha y por izquierda, por su salida del FPV y su supuesto acercamiento al Masismo, pero que pudo aliarse a sectores de izquierda ampliando el panorama. Esto tampoco es pura voluntad política, las necesidades del Evita, por su propia base social, y ante el actual panorama de crisis económica, difieren de las de organizaciones kirchnerista con más presencia en la clase media.

El problema de la composición del 7 de agosto es que no parece haber por el momento una estrategia política de conjunto que acompañe a tamaña movilización. Más bien parecerían haber varias que por momento se encuentran. El Evita, por su parte, parecería depositar su perspectiva en cómo se resolverá la interna dentro del amplio peronismo para quedar lo mejor posicionado posible hacia las elecciones del próximo año. Por otro lado, los demás grupos de izquierda que estuvieron presentes parecerían intentar tender puentes hacia algunas organizaciones kirchnerista en pos de unificar “la resistencia”, pero eso también implica una estrategia de acumulación política que en algún momento se encontrará con la disyuntiva de quién fracciona a quien en ese juego. Esta estrategia parecería ser en vano, ya que las perspectivas de varias organizaciones están explicitas y no parecerían coincidir con generar una alianza innovadora con sectores de la izquierda no peronista por fuera del peronismo. Sin embargo podría presentarse como una línea que sirva para acumular referencia en estos momentos.

Hay un punto central que cambia el panorama con respecto a las resistencias que se dieron en el 2001-2002: existe el kirchnerismo y más precisamente, existe Cristina Fernández de Kirchner. CFK ha reactivado su aparición y parecería querer retomar las riendas sin arriesgarse a introducirse en una interna que por ahora le es bastante hostil. Sin embargo, suma jugadores a su ala y mantiene una adherencia importante en un vasto sector de la sociedad, que en estos momento optan por no acordarse muchas cosas que criticaban durante su mandato, porque se remiten a la idea de que “ahora sí que estamos peor”.

La gran diferencia, entonces, que se presenta en relación al 2001 es que hoy una salida política de la crisis generada por el macrismo en el poder es ineludible. De nada sirven frases elocuentes pero que saben a poco, exigiendo unidad por abajo y articulación de la resistencia. No existe unidad posible sin estrategia política clara, y no existe estrategia política clara sin tener en cuenta los saldos políticos, culturales y sociales que ha sabido acumular el pueblo argentino en los últimos años.

Sin embargo, esto no debe dejar de lado la perspectiva de la lucha callejera. Más bien debe ser un punto fundamental para pensar cómo se dinamiza. En la calles, quien o quienes sean capaces de unificar a las grandes movilizaciones que hasta ahora se han hecho sectorialmente en una consigna política clara, amplia y de masas, será quien pueda abonar a desgastar al ajuste macrista y marcar tendencia hacia cómo se resolverá la crisis en términos políticos. Por ahora los ruidazos y el 7 de agosto fueron muestras inteligentes, pero aún fragmentadas, sin perspectiva política sólida. Construir por abajo para capitalizar por arriba.

Confluir en la calle, construir en política

Que el kirchnerismo se rompa y una variante por izquierda se alie con un sector no peronista formando un nuevo polo político y social es algo que está lejos de suceder. La pelea hacia dentro pareciera estar más cercana a la subsistencia en un movimiento huérfano de conducción, pero con la paradoja que estando claro quién debería conducir, no lo hace. Sin embargo, desde la izquierda no puede pensarse que intentar interpelar a las organizaciones kirchnerista implica solo un acercamiento a ellas. Más bien debe ser un intento por interpelar por izquierda a una base social del kirchnerismo que hoy está más atenta que nunca a nuevas propuestas. La confluencia callejera no sólo es una herramienta para acorralar al gobierno, también de alguna manera condiciona, y muy fuertemente, los pasos políticos. Es por eso que esa estrategia hoy se presenta como una tarea fundamental.

Los problemas del macrismo en el poder no son solo los niveles de pobreza, desocupación e inflación que esta reedición conservadora ha volcado sobre el pueblo. Hay un problema histórico, un punto de inflexión que la militancia no puede dejar de atender: una ofensiva continental. La tarea es confluir, pero las tensiones que se generen en estos momentos deben servir para delinear los nuevos pisos de las etapas venideras.