Reina Maraz: convertirse en la subalterna del subalterno

Por Karina Bidaseca*/ Foto por Camila Parodi

Reina Maraz Bejarano está condenada de antemano por la sociedad argentina. Las diferencias de ser mujer, boliviana, indígena, pobre, de piel oscura, quechua-hablante, analfabeta, evangelista, se intersectan y refuerzan las violencias propias de su condición de subalternidad.

 

Luego de estar un año presa con su hija en la Unidad nro. 33 de los Hornos sin comprender la causa, en diciembre de 2011 la Comisión Provincial por la Memoria se entrevistó con ella en una de las visitas de monitoreo. Al tomar conocimiento de su historia, Karina Bidaseca compartió conversaciones con Reina Maraz a través de visitas al penal. En este aporte para Marcha, la socióloga reconstruye la historia de violencias y opresiones que tuvo que atravesar Reina desde sus propios relatos.

El exilio: del ayllu a la ciudad, del quechua al castellano

Desde el momento de su unión con Limber en Bolivia, Reina se convirtió en la subalterna del subalterno. Esta condición se agravó en su situación de vulnerabilidad en la migración de doble impacto: del campo a la ciudad, y de un país a otro, en que perdió todos sus derechos. Reina fue arrancada del ayllu con todo lo que ello significa para el pueblo Quechua ya que se entiende como modo de organización comunitaria. Propio del Tawantinsuyo (mal llamado imperio incaico), confederación de las cuatro naciones es un régimen productivo y político-religioso. Consiste en la colaboración recíproca y el trabajo conjunto; es autogestivo y está conformado, en primer lugar, por el grupo familiar. Bajo estas normas, los ayllus hoy están vigentes, están intactos, vivos.

Todo análisis debe necesariamente situarse en la configuración local, nacional, regional y global de poderes. Ello implica reflexionar sobre cómo traduciremos las experiencias de colonialidad, interseccionaliad e interculturalidad que vive Reina, edificadas sobre las múltiples violencias que estructuran su vida: el racismo, el sexismo y el silenciamiento o su imposibilidad de hablar. Y, claramente en el contexto de racismo de la sociedad de recepción, la argentina, donde los estudios confirman que es la boliviana la nacionalidad con mayores niveles de discriminación y racismo (Inadi), siendo según el Convenio OVD del Consulado de Bolivia un hecho contundente el aumento de los niveles de violencias en mujeres migrantes bolivianas en que se agrava su vulnerabilidad.

Las violencias y el aislamiento de la sociedad de los machos

Reina fue sometida a distintos episodios de violencias de género por parte de Limber y su familia, tanto en Sucre como en Buenos aires, en primer lugar, el abandono de su esposo, al mes de nacido su segundo hijo con graves problemas de salud. La violencia del vínculo se agrava en la falta de provisión de dinero para la manutención de la familia, con dos hijos menores y uno en estado de hospitalización y tratamiento. Al principio fue ayudada por el ayllu, para pagar los gastos de medicamentos del bebé, y sustento de su otro hijo, debiendo trabajar durante muchas horas en la cocina y venta de pollos. Pero una vez apartada de su familia en un contexto involuntario, su condición de inmigración se transforma en la de un exilio y de paria en la nueva sociedad de recepción.

Sin embargo, en Argentina la desigualdad de Reina frente a Limber se profundizó porque ella no hablaba ni comprendía el castellano. Por lo tanto dependía de él en todos los dominios de la vida para manejarse en la nueva sociedad de recepción. En sus relatos describe un ambiente sumamente hostil para ella y sus hijos. La situación de desprecio, de pobreza extrema (agravada por la deuda contraída por Limber con su madre) incidió en que debían convivir con la familia de su esposo en condiciones de suma precariedad.

La situación se agravó cuando ya no sólo los golpes por parte de Limber bastaron, sino que aparte de intentar matarla a ella y a sus hijos, al abrir las llaves del gas de la cocina, comienzan las golpizas por parte de su cuñada y la acusación de su suegro por “volver loco” a su hijo. Sin embargo, la subsiguiente retención de los documentos es conclusiva, el estado de indocumentada le impedía cualquier tipo de movimiento o desplazamiento y la seguridad de que de esta forma no podría atravesar la frontera argentino-boliviana y retornar con sus hijos a su comunidad en Bolivia. Asimismo cabe destacar la retención de sus hijos por parte de su suegro quien, mientras Reina estaba en el penal, sin su autorización, pasa a los hijos menores a través de la frontera argentino-boliviana y le niega el derecho de la madre a conocer el paradero de su hijo mayor y a comunicarse con él por teléfono.

El dinero gastado incrementó la deuda de Limber, debiendo pedirle dinero a Tito, su socio, y así contraer una nueva deuda con él. Ello implica que el escaso ingreso, producto del pago a destajo que recibían por el trabajo en el horno de ladrillos –siempre y cuando había materia prima (barro) para trabajar-, fuese insuficiente para alimentar a sus hijos y vestirlos. Muchas semanas no tenían qué comer y Reina cuenta que a su esposo no le importaba si los hijos comían o no, o si ella “andaba como una harapienta”. Limber manejaba el dinero, a pesar que ambos trabajaban en el horno, y el dinero sobrante de la bebida era el que Reina disponía para la compra de alimentos. Cabe destacar que Reina trabajaba en los hornos de ladrillos haciendo el trabajo forzoso, el de apilar, mientras Limber se dedicaba a cortar; a ello se le sumaba el trabajo doméstico e invisibilizado de las mujeres como cocinar para la familia y para Tarija, lavar la ropa, comprar el alimento, agravado por el contexto de pobreza.

Reina siempre trabajó en los distintos trabajos que tuvieron en la Argentina, en Florencio Varela, en la quinta cosechando tomate y lechuga desde las siete de la mañana hasta las ocho de la noche por un pago miserable. Luego, en un horno de ladrillos de la tía de Limber de donde se fueron porque el pago era insuficiente para satisfacer sus necesidades. En El Capital, Karl Marx interpreta el lugar de la mujer en la tríada: uso, intercambio y plusvalía, de modo de anteponer la idea de “externalización” y “alienación” dentro del proceso de trabajo. Siendo la mujer una continua fuente de producción de plusvalía ya sea para el hombre que la posee o a través del hombre para el capitalista que posee la fuerza laboral de ese hombre. El trabajo de las mujeres que sobrevive en todos los modos históricos de producción: trabajo fuera del trabajo asalariado y fuera de los modos de producción.

El cuerpo como territorio de dominación

El sistema patriarcal en el contexto de la migración descripta, marca la cosificación de Reina como objeto sexual de intercambio entre varones. Frente a la fuerte opresión de la estructura patriarcal quechua donde se evidencia un patriarcado previo a la “conquista”, éste se ha visto reforzado por ese hito histórico en el de las nacientes sociedades boliviana y argentina. Los estudios de la antropóloga y especialista en violencias de género Rita Segato afirman que el género ya existía antes de la intervención del hombre europeo y, precisamente, es la modernidad la que captura y magnifica la jerarquía de género, “la cultura masculina ha hecho un buen trabajo con nosotras”.

La mecánica de esta instrumentalidad se observa en la deuda que Limber contrae con Tito, su socio. “Puta”, “prostituta” son epítetos que ambos escupen con desprecio. Limber la increpa cuando Reina le cuenta que fue violada por Tito por primera vez. Limber culpa a Reina por la violación y le pega. “Tu marido te ofreció a mí”, cuenta Reina que le dice Tito en estado de embriaguez cuando llega después de una salida nocturna con Limber de Liniers.

Reina es ofrecida y tomada como moneda de pago para saldar la deuda entre los varones. Es violada delante de sus hijos. Reina se desmaya y queda inconsciente durante muchas horas despertando en el hospital de Florencio Varela. Ella no cuenta en el hospital sobre la primera violación porque tiene miedo de la represalia de la familia de su pareja, de Limber y de Tito. Reina vivirá con el miedo a cuestas de sufrir otra violación permanentemente, la cual se concretó.

Las relaciones de fuerzas familiares que operaron en el sometimiento y violencias que se desataron sistemáticamente sobre Reina y sus hijos, aumento la soledad y el aislamiento social de Reina en la migración, impidiendo el canal comunicativo entre las mujeres pertenecientes a la misma comunidad lingüística y cultural para dar cuenta de su experiencia y necesidades tanto económicas y sociales como afectivas. Y asimismo, reforzando su posición subalterna.

 

*Doctora de la Universidad de Buenos Aires, en Ciencias Sociales. Coordinadora del Programa “Poscolonialidad, pensamiento fronterizo y transfronterizo en los estudios feministas”. Autora del libro “Perturbando el texto colonial. Los estudios (pos) coloniales en América latina” (Ed. Sb, Bs. As., 2010).

 

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