Si no gustan mis principios, tengo otros

Si no gustan mis principios, tengo otros

Por Diego Herchoren. El ministro de Economía Axel Kicillof acordó con varias entidades bancarias extranjeras emitir deuda en el mercado internacional para reemplazar el BODEN 2015. Quita de subsidios y endeudamiento para la etapa siguiente del kirchnerismo.

 

Dicho título debe ser cancelado en octubre e implica un desembolso del tesoro nacional de 6.000 millones de dólares. El objetivo sería aplazar el pago de esta deuda y mantener las reservas exigidas por el FMI para que el país vuelva al mercado del crédito.

Los llamados BODEN son los títulos de deuda pública emitidos por el Estado Nacional como forma de resarcimiento a los bonistas locales que se vieron afectados por el “corralito” de 2002, y también ha sido un instrumento económico y financiero con fines diversos: por un lado ha servido como mecanismo de cancelación parcial de la deuda pública, pero desde el año 2009 su uso ha devenido en un título orientado a generar confianza de cara a un eventual regreso del país al mercado internacional de crédito.

En agosto de 2009 el gobierno pagó el Boden 2012 por 2.251 millones de dólares y se comprometió a trabajar en la normalización del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), en la deuda en default y emitir un bono con un plazo de diez años para eludir los embargos contra el país, también como medida para frenar la fuga de capitales. El entonces ministro de economía, Amado Boudou expresó: “Con nuevas medidas que se irán tomando en los próximos meses, la Argentina estaría en condiciones de volver a los mercados internacionales de crédito hacia fin de año”.

En aquel momento, y desde los Estados Unidos, el jefe de analistas del fondo Bulltick, Alberto Bernal, explicó: “Si se ve que el Gobierno entendió que lo del Indec está mal y hay una señal fuerte para los bonistas que siguen en default, la Argentina puede conseguir 500 millones de dólares al 12%, contra el 17% que hoy rinde un bono a diez años”.

No fue suficiente

La política de desendeudamiento iniciada por el ex presidente Néstor Kirchner no fue sin embargo acompañada de una diversificación de los mercados, ni una alternancia monetaria que alejara a la Argentina de la dependencia del dólar, tal y como han hecho el conocido como el bloque de los países BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). Hasta el punto que todavía siguen en vigor los decretos 319 y 1735 de 2004 que supeditan la inmunidad soberana del tesoro nacional a lo que decidan los tribunales de Nueva York en los litigios sobre deuda externa.

Esta ausencia en la diversificación económica y una paulatina reducción de las reservas del Banco Central motivada por varios factores como el desendeudamiento, el pago de compromisos externos o salida de divisas, y la reducción de los ingresos por exportación derivado de la bajada de precios en las commodities argentinas y la reducción de importaciones desde EEUU y Europa, ha llevado al gobierno nacional a la disyuntiva en la que los grupos más concentrados que operan en el país más cómodos se sienten: endeudamiento o default.

Se optó por el endeudamiento

Si bien el Ministerio de Economía salió al cruce de las afirmaciones del diario Página/12, el cual afirmaba que el país estaría por cerrar un préstamo de 1.000 millones de dólares con el banco Goldman Sachs, lo cierto es que la orientación de la cartera dirigida por Axel Kicillof no parece distinta.

Una de las condiciones que exige la banca internacional para cerrar el acuerdo de canje de los BODEN 2015 es darles a los bancos del exterior un rendimiento superior al del propio Boden. El principal problema que tiene hoy el gobierno es que la merma en las reservas internacionales del Banco Central podría complicar los pagos de deuda futuros si no logra conseguir financiamiento externo, objetivo histórico de la banca acreedora.

En ese sentido, la revisión del crecimiento del 2013 a un 3% dada a conocer ayer, que dio por tierra el pago del cupón de PBI de este año, si bien molestó a los tenedores de ese bono, por lo general fue bien recibida por el mercado, que vio que Cristina no está dispuesta a rifar reservas por el solo hecho de mostrar una suba mayor en el producto.

Los que sí festejaron fueron los tenedores del Boden 2015, porque ahora el gobierno tendrá unos U$S3.000 millones más para hacer frente a sus obligaciones.

Respecto a la tasa que podría conseguir el gobierno si sale a los mercados, el economista sostuvo que “dependerá de las condiciones” del país en el frente externo, en donde el éxito o fracaso de las negociaciones con los holdouts y el Club de París son clave.

“Si se cumplen estos requisitos, sumado a la regularización del Indec, no parece imposible que Argentina pueda salir a tomar deuda a una tasa de un dígito”, apuntó un especialista consultado.

Quita de subsidios sin contraprestación

La política parcialmente anticíclica llevada adelante desde el año 2003 ha sido puesta en duda durante toda la década por casi todos los factores de poder tradicionales de la Argentina. Sin embargo, en los últimos meses varios funcionarios nacionales han dado muestras de un profundo giro ortodoxo en lo económico. A esto se le unió que la política de sustitución de importaciones no vino acompañada de una mejora de la competitividad de la producción ni de su eficiencia, con una industria que siguió manteniendo su estructural dependencia tecnológica de las patentes y la inversión foránea de parte de las transnacionales.

Kicillof argumentó el 27 de marzo, tras su anuncio de la retirada parcial de subsidios al consumo de energía y agua, que dicha política se había implantado como mecanismo de reactivación, y como tal había cumplido su vida útil. El ministro apuntaba así a una afirmación real: el esquema de estos subsidios había tornado ineficiente el consumo, generando despilfarros y sobrecostes que debían ser abordados.

Si bien esta realidad había provocado un fuerte gasto por parte del Estado, la medida anunciada no aborda ninguna medida de eficiencia, esto es, corregir la reducción de dichos subsidios con mecanismos o tecnología que abarate costes (tal y como se hizo con la sustitución de las lámparas por lámparas de bajo consumo), sino que es un recorte sin más, por lo cual no debe haber temores en calificar como “ajuste” esta medida.

Por otro lado, el fin de los llamados “precios congelados” por “precios cuidados” (éstos últimos sí podrían subir al arbitrio de los proveedores), la apuesta por el techo de las negociaciones paritarias y la política de contracción monetaria del Banco Central parecen ser los broches de un camino económico que la Argentina ha transitado en varias ocasiones en los últimos 30 años.