¡Sin las travas no hay feminismo!

Por Florencia Guimaraes García* / Foto: Fotografía a pedal

Cuando el discurso del odio genera más muertes y exclusión.

Hace meses venimos leyendo, escuchando y viviendo una cacería por parte de un sector que se dice “feminista” hacia las identidades travestis trans en todos aquellos espacios que habitamos, despúes de la larga lucha de compañeras travestis como Lohana Berkins y Diana Sacayán, quienes eran feministas, abolicionistas del sistema prostituyente y reconocidas feministas a nivel internacional.

Estos actos trans excluyentes no son nuevos sino que vienen desde hace dos años de las comisiones de un Encuentro Nacional de Mujeres (ENM), al grito de “ustedes por más que tengan documento son varones”; frase dicha por mujeres que integraron la comisión organizadora. Y cabe recordar aun más atrás, estos mismos mecanismos de odio ya habían sido ejercidos años atrás por otras “compañeras” en otro ENM al grito de “hay varones en el taller”. Esos “varones” eran Lohana y Diana.

Hoy podemos decir que hay un gran retroceso en nuestro feminismo, porque por más que a muchas les moleste, nosotras ya no discutimos que somos feministas. Ahora sí, debemos decir que a la hora de poner en agenda las problemáticas que nos atraviesan en particular, muchas de nuestras compañeras nos ponen en segundo plano ya que consideran que la única víctima de la desigualdad y la opresión es la mujer, y nosotras decimos ¡no!, entendiendo que lógicamente no son muchas veces las mismas problemáticas ya que las travestis atravesamos otras desigualdades por el hecho de romper con la heteronorma y el binarismo.

Y acá está el punto, leemos frases como: “quieren ocupar nuestro lugar, vienen con teorías para derribar la identidad mujer“,etc. Y nada más alejado de la realidad. No pretendemos ocupar el lugar de nadie porque cada quien tiene su lugar; mucho menos derribar la identidad de nadie, porque si alguien sabe de la lucha por la identidad somos nosotras. Es más, estamos orgullosas de poder caminar junto a mujeres y lesbianas, quienes históricamente han sido aliadas de las travas.

Siempre que se habla de nosotras se habla desde afuera, y ahí aparecen las biologicistas con su discurso sobre la genitalidad, si, todavía seguimos atadas a la genitalidad.

Y cuando decimos que son biologicistas es por esa cuestión, como si tener pene determinara que alguien es hombre o tener vagina determinara que se es mujer. Y en realidad, habría que dejar de solo decirles biologicistas y llamarlas por su nombre: trava trans odiantes (o mal dicho transfóbicas). Estas personas en realidad lo que pretenden y consiguen, es que las personas travestis trans no solo seamos excluidas de los espacios de construcción feminista, sino también excluirnos del acceso igualitario a la vivienda, la salud, la educación, el trabajo y las políticas públicas.

Esta corriente trans odiante, que nos remonta al discurso más moralista de la Iglesia Católica, sostiene que los géneros son una ficción, pero defiende y perpetúa al sistema binario de “mujer biológica” y “hombre biológico”. Quienes la llevan adelante mienten sobre amenzas hechas por personas trans con el discurso del miedo creando en nosotras “el enemigo”, acusándonos de misóginas por decir que tener vagina no determina que te identifiques como mujer. Generalizan a toda la comunidad travesti trans, agreden a otras feministas por no coincidir con su odio por identidad de géneros y consideran a las travestis trans por haber nacido con penes, “violadores potenciales”. A estas personas les recordamos que meterse entre nuestras piernas sin consentimiento, es violación.

Toda esta incitación al odio que se fomenta en internet, sirve para justificar las agresiones, asesinatos y violación de Derechos Humanos que se suceden contra nosotras en las calles y todos los espacios que habitamos. Y por eso, debemos denunciarlo públicamente, ya que personas que se proclaman referentes del feminismo se creen con la impunidad de escribir en las redes sociales: “tengo la concha tan grande que me banco me digan transfóbica”, “tienen voz de macho”, “son hombres con tacos”, “son el patriarcado maquillado“, y un sin fin de frases fascistas celebradas por sus fanáticas, excusándose en la victimización constante.

Nos encontramos frente a un avance de discursos de odio por parte de algunos sectores que se hacen llamar abolicionistas y que atacan a la comunidad travesti haciendo foco en compañeras que representan a ese colectivo. Decimos discursos de odio porque son eso, no podemos calificar de otra manera las frases del tipo “hombre disfrazado de mujer”, o ” les salió el macho de adentro“. Estas palabras suelen ser la herramienta del amo para descalificar a las travas y solo pueden ser usadas conscientes de para qué se manifiestan, no son un error o un exceso.

Las travestis y trans somos protagonistas de la lucha feminista. Hoy no tenemos que rendirle cuentas a nadie y nadie que se defina feminista podría reclamarle a las travas nada. Nosotras vivimos la cárcel, la discriminación, el maltrato, la muerte, pusimos el cuerpo y la mente al servicio del feminismo y del movimiento de mujeres en particular. Luchamos por el aborto, por el salario, por las leyes de protección integral, etc.

Es un insulto al movimiento popular atacar a las travas. No sólo niega la historia de Diana Sacayán y Lohana Berkins, sino que las sepulta… Una y otra vez y ni hablar de los aportes al abolicionismo de Lohana y Diana, que además sobrevivieron a la calle y toda su violencia, al igual que otras compañeras travas que son hoy el blanco de ataque de estas declaraciones.

Por eso, hoy, esta trava sobreviviente de prostitución no necesita de “fundaciones” o “sindicatos”,  ya que represento a muchas compañeras sobrevivientes del sistema prostituyente. Porque cuando tocan a una nos duele a todas, pero además porque no podemos negar que castigar o atacar a las travas abolicionistas solo beneficia al patriarcado.

Todas debemos condenar el uso del feminismo para justificar el odio, el trava trans odio, el biologicismo, el genitalismo y todas esas prácticas patriarcales que pretendemos derribar. Volvemos a decir, ¡furia travesti!, ¡venceremos!

 

*activista travesti.