“Sin papa facho y burgués, el aborto sería ley”

Por Gabriela Mitidieri / Foto por Dagna Faidutti

Mujeres y socorrismos fue uno de los 65 talleres alrededor de los que las mujeres se dieron debates en el 30 Encuentro Nacional de Mujeres de Mar del Plata. Intercambios y reflexiones que fueron y volvieron desde (y hacia) las prácticas de feministas que acompañan a mujeres que abortan.

Hay hechos que nos cambian un poco la forma de mirar. Y en ese cambiar, también llegamos a darle otra dimensión a las experiencias compartidas, a las redes que se tejen entre muchas, a las conexiones políticas que nos llevan hasta ese momento puntual en el que algo se sacude.

Un poco de eso aconteció cuando muchas de nosotras, después de la represión, las balas de goma, los gases, las corridas, el miedo que no paraliza cuando nos sostenemos entre tantas, comenzamos a reflexionar sobre lo vivido en el Encuentro Nacional de Mujeres.

En el ENM hubo de todo: cantos, bailes, risas, besos, frío (mucho), charlas y debates infinitos y sobre todo, mujeres de todos los rincones del país y más allá encontrándose y haciendo política, una política en la que primero se pone el cuerpo y después todo lo demás. Y así nos encontró la represión policial de la bonaerense, en su afán de proteger como brazo armado del Estado a una de las instituciones más misóginas y sangrientas de la Historia.

Pero retrocedamos un poquito y volvamos al jolgorio del 30 ENM para reflexionar por qué estas mujeres que se encuentran resultan tan molestas para algunos poderes establecidos.

Mujeres y Socorrismos
Hubo un espacio en donde sin duda se puso el cuerpo -y todo lo demás- de manera urgente, rabiosa y molesta: el taller de Mujeres y Socorrismos que convocaron las Socorristas en Red, como una de las instancias que existieron dentro del taller Nº 14: Mujeres y Estrategias para el acceso al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Un espacio, que ya recuperadas de las corridas por la Catedral, de los grupos de ultraderecha protegidos por la policía y de las tres compañeras privadas de su libertad adentro de una iglesia, podemos pensar en retrospectiva como un lugar de encuentro poderoso, un antídoto feminista que nos hizo fuertes para seguir luchando por nuestros derechos sexuales y (no) reproductivos, frente a quienes todavía estigmatizan y criminalizan el aborto, o simplemente omiten considerarlo un tema urgente de salud pública, y no se hacen cargo de las mujeres que siguen muriendo en abortos clandestinos e inseguros, al obstaculizar el tratamiento del proyecto de ley presentado por la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito.

El taller reunió a miembras de distintas colectivas de todo el país (Las Revueltas de Neuquén, Las Hilarias de San Juan, Las Malonas Rosas de Mendoza, Socorro Rosa de Córdoba y de Tucumán, Consejería Decidimos de La Plata, entre otras), que forman parte de Socorristas en Red, y también a otras mujeres que activan dentro de consejerías pre y post aborto, a feministas de Uruguay y Chile, que nos contaron cómo iba el tema por allá, y a curiosas que se acercaron con ganas de conocer la experiencia y replicarla en sus propios territorios.

¿Quiénes son las Socorristas?

Paréntesis histórico-informativo: además de muchachas aguerridas que portaban deslumbrantes pelucas fucsias en la marcha del ENM, las Socorristas, como cuentan desde el sitio, “somos activistas feministas que armamos Socorros Rosas. Tomamos este nombre en clave genealógica, inspiradas ineludiblemente en los acompañamientos de las feministas de las décadas del ´60 y del ‘70. En particular los de las italianas, pero también de las francesas y de las estadounidenses, quienes generaron espacios de consejerías y acompañamientos para mujeres que necesitaban practicarse un aborto desafiando así las imposiciones del heteropatriarcado. Activamos en distintas geografías de Argentina. Nos articulamos para pasar información y acompañar a mujeres que deciden abortar. Para que lo hagan de manera segura. Para que atraviesen esta decisión acompañadas y cuidadas. Mientras hacemos socorrismos, aprendemos de y con las mujeres de la experiencia de abortar con misoprostol. Los tránsitos desde y con las corporalidades de esas mujeres que abortan se vuelven encarnadura para reflexionar y seguir produciendo argumentos renovados para la exigencia del derecho al aborto, nucleadas alrededor de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito”.

Ya en el taller -que se desdobló en dos espacios por la cantidad de participantes el primer día, y luego volvió a unificarse en el segundo- se propusieron algunos puntos iniciales para discutir y desde allí arrancamos, para continuar luego con inquietudes que las distintas voces iban trayendo a la ronda. Porque lo que hizo rico al taller fue sobre todo que el intercambio y la reflexión iban y volvían desde (y hacia) las propias prácticas.

Y así se habló del socorrismo como una ética feminista de acompañamiento y cuidado en la que se brinda información fidedigna a mujeres que deciden abortar para que lo hagan de manera segura. Como una práctica empoderante que refuerza nociones de autonomía sobre nuestros cuerpos.

Se pensó al socorrismo como un horizonte compartido en el que la legalidad sea garantía de derechos y no tutelaje sobre nuestros cuerpos. Porque el feminismo tiene recursos poderosos pero finitos, en comparación con los que podría poner a disposición de las mujeres el Estado en cada hospital del país.

Y en ese sentido se afirmó al socorrismo como una acción que interpela al Estado para que esa ley exista: porque el socorrismo sistematiza experiencias y elabora estadística en base a las mujeres que acompaña, mujeres de todas las clases sociales, y que en más de la mitad de los casos se reconocen católicas. Porque trabajando con el protocolo editado por el Ministerio de Salud de Interrupción Legal del Embarazo (es decir, abortos no punibles en caso de violación, riesgo de vida o peligro para la salud), también articula con hospitales, centros de salud y médicxs que forman parte de la Red de Profesionales por el Derecho a Decidir, dentro de la Campaña.

Para buena parte del socorrismo, la necesidad de una ley no se pone en cuestión y la discusión de fondo quizás sea ¿qué hacemos en el aquí y ahora cuando todavía hay mujeres que mueren en abortos clandestinos? ¿Cuál es la estrategia que nos damos cuando el Estado por acción u omisión no termina de decidirse a tomar cartas en el asunto? Y también, ¿de qué manera nuestra experiencia acompañando mujeres puede ser un insumo para bregar por una ley que sea efectivamente garantía de derechos?

El socorrismo como batalla cultural

El socorrismo, tal como conversamos en el taller, también es batalla cultural, porque desde la práctica cotidiana trabaja para desarmar sentidos comunes cargados de moral religiosa y patriarcal sobre las mujeres que abortamos, abogando por construir nociones emancipatorias, sin estigmas, sobre el derecho a decidir cuándo ser (o no ser) madre. Es en esa línea que la red editó recientemente “Código Rosa”, un libro en el que con vuelo literario se compilan testimonios en primera persona de mujeres que decidieron abortar acompañadas por socorristas.

Entre las conclusiones y propuestas que el taller se trazó surgieron como ideas denunciar a médicxs y hospitales que se nieguen a efectuar interrupciones legales de embarazo en casos de violación o riesgo de salud o vida para la mujer. También se habló de socializar recursos de psicólogxs y abogadxs feministas cuando se detectara entre las mujeres que acompañamos situaciones de violencia de género. Y se trajo como idea a seguir pensando un viejo debate en la agenda feminista abortera: la distinción entre legalización y despenalización. Pero con nuevos elementos, ya que el caso uruguayo -que expuso detalladamente una compañera de la organización Mujer y Salud, la legalización no supuso despenalización: continúa tipificado como delito penal para las mujeres que no cumplan los pasos requeridos por el Estado, aún cuando existen departamentos del país hermano con un 90% de médicxs que se declaran objetorxs de conciencia, obstaculizando y en muchos casos restringiendo totalmente el acceso de las mujeres uruguayas al aborto legal.

Mucho por hacer, muchas por organizarnos. El ENM nos dejó los cuerpos conmocionados (una conmoción que siguió cuando a un día de volver nos enteramos con mucho dolor del travesticidio de la compañera Diana Sacayán, pero también –y por eso- la necesidad urgente de seguir activando, de sostener una política que nos atraviesa, de nutrir prácticas colectivas de feminismo concreto.