Siria y el Covid-19: Impactos y autoritarismo gubernamental – [Parte I]

A pesar del torbellino de información inconexa que nos llueve a diario, la realidad de los pueblos que actualmente habitan el territorio del poroso Estado sirio es más compleja de lo que solemos imaginar. Entre gobiernos autoritarios, injerencias extranjeras y la emergencia del Covid-19, acá va la primera entrega de un detallado análisis de este tenso momento.

Por: Jorge Luis Veléz Agudelo*/ Foto AFP

La gran mayoría de los gobiernos en el mundo han afrontado grandes dificultades para contener el Covid-19, ya sea por el aumento del gasto público o por la acción tardía para tomar medidas; por la precarización del sistema sanitario y de salud, la violencia delincuencial y política, o problemas para garantizar alimentación y dignidad a la población dependiente del trabajo diario e informal. Solo por mencionar algunos asuntos.

Siria no solo ha afrontado cada una de esas dificultades, sino también, otras asociadas a los 9 años de guerra civil internacionalizada1 y a la fragmentación administrativa de su territorio. El 40% de su infraestructura está destruida, las muertes suman 700.000 víctimas, su población actual ronda los 20 millones, con más de 6 millones de desplazados internos y con 5.6 millones de personas que salieron desplazadas del país. La calidad de la educación disminuyó y 2.4 millones de niños no van a la escuela (Hamidi, 2020), además, 9.3 millones de sirios se encuentran en inseguridad alimentaria, de los cuales 1.4 millones se sumaron en los últimos seis meses (OCHA/OMS, 2020, pág. 2).

Actualmente el país se encuentra controlado, principalmente, por tres grandes aparatos políticos y militares. El gobierno de la República Árabe Siria (RAS) en cabeza de Bashar al-Assad2 que controla el 64% del territorio, la Administración Autónoma del Norte y Este de Siria (AANES)3 en el noreste, que liderada por los kurdos, controla un 26% del país y, finalmente, el Gobierno Interino Sirio (GIS)4 en el noroeste, en cabeza de Abdurrahman Mustafa y Anas al-Abdah (al-Khateb, 2019) en plena articulación con Turquía, sumado a las amplias zonas controladas por el Gobierno de Salvación (GS) del salafista Hayat Tahrir al-Sham (HTS) en Idlib5 están en el restante 10%, también persisten algunos reductos del debilitado Estado Islámico (EI) con sus células durmientes principalmente en Deir ez-Zor.

Sobre suelo sirio, también se encuentran tropas rusas, estadounidenses, iraníes, turcas y libanesas (de Hezbolá), entre muchas otras.

Hasta el pasado 14 de junio, la oficina de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para el Mediterráneo Oriental reportó que Siria (Gobierno de Damasco) tiene 177 contagios, 74 recuperaciones y seis muertes por Covid-10 (WHO/EMRO, 2020a). Hasta el 10 de junio se reportó para la AANES seis contagios, una muerte y cinco recuperaciones, en tanto, para los territorios de la oposición en el noroeste se han realizado 968 pruebas, todas reportadas como negativas (Syria in Context, 2020). Estas cifras deben ser analizadas con cuidado, ya que, aunque oficiales, en el caso de RAS existen cuestionamientos sobre la veracidad de las mismas.

Mapa político y mapa del control territorial en Siria al 11 de febrero / Aljazeera

Los estragos de la guerra

Los estragos de la guerra en Siria han sido más que documentados, pero hay un capítulo de esa historia que ha impactado a las instalaciones y al personal sanitario y de salud, y que hoy cobra factura con la pandemia. Entre 2011 y 2020, se ha registrado la muerte de al menos 923 integrantes del personal médico sirio, de los cuales, el 91% fueron cometidos por las fuerzas del gobierno sirio y sus aliados (PHR, s.f.). Más de 180 trabajadores de la salud han sido asesinados bajo detención gubernamental y el 90% de los 500 ataques contra instalaciones médicas recaen sobre las autoridades de Damasco, así como se ha prohibido el acceso de equipos médicos en las zonas asediadas y bajo control rebelde (Tevna Kurdi, 2020a).

Para ponerlo aún peor, durante estos años de guerra el 70% del personal sirio dedicado a la salud, y principalmente el más calificado, abandonó el país. Lo que ha generado que dicho personal sea muy limitado, al punto de que más allá de la escasez de ventiladores y camas de Unidades de Cuidados Intensivos (UCI), lo preocupante sea el poco personal médico capacitado para manejar dichas unidades y a los pacientes críticos. Todo esto, bajo el riesgo de que parte del personal médico, probablemente, también se contagiará (Tsurkov & Jukhadar, 2020).

Según la London School of Economics (LSE) Siria cuenta con 111 hospitales públicos, de los cuales 58 son completamente funcionales, 27 operan de manera parcial y 26 están en ruinas (Moubayed, 2020). Desde antes de la guerra, el sistema de salud del país ya era precario, estaba permeado por prácticas de corrupción, lucro, robo de suministros, preferencias y disparidades geográficas. Lo hospitales destruidos en Ghouta y Homs, por ejemplo, no fueron reconstruidos después de la reconquista de al-Assad, y el servicio de salud solo opera de manera parcial (Tsurkov & Jukhadar, 2020).

También se ha registrado que 70 hospitales han sido bombardeados6 fuera de combate (Crawford, 2020). Solo entre el 5 de mayo de 2019 y el 25 de febrero de 2020, según Amnistía Internacional (2020, págs. 3, 4), el gobierno sirio (con apoyo ruso) realizó 18 ataques en contra de instalaciones médicas y escuelas en el noroeste del país, dejando un número importante de muertos producto del uso de bombas de barril y de racimo, estas últimas prohibidas por el derecho internacional. Además, Amnistía también documentó, entre otras atrocidades del régimen, que numerosas familias, que representan decenas de miles de personas, estaban viviendo a la intemperie en Idlib con temperaturas bajo cero.

Del desasosiego de la guerra a la zozobra institucional

Según la información oficial de la OMS, el primer caso positivo en Siria se reportó el 22 de marzo y la primera muerte el 29 del mismo mes. Los casos foráneos procedieron de Emiratos Árabes Unidos (EAU), Sudán y Rusia (OCHA/OMS, 2020, pág. 1). También se reportó, desde otras fuentes, el contagio de combatientes iraníes y otras unidades locales, y el intento bajo amenaza de silenciar a los médicos por parte de las autoridades sirias e iraníes. Hasta el 12 de abril 40 de esos combatientes fueron trasladados al Hospital de Abu Kamal (Deir ez-Zor) (Grinstead, 2020).

La pandemia arribó a un país con un sector salud profundamente debilitado. Desde el inicio las proyecciones no fueron para nada alentadoras, esperando cifras críticas que podrían fácilmente hacer colapsar el sistema. Los primeros pacientes con síntomas no fueron examinados, aunque el gobierno ya se había equipado con máquinas de reacción en cadena de la polimerasa (PCR) facilitadas por la OMS. Y si bien las distintas autoridades gubernamentales manifestaron combatir la pandemia, imponiendo bloqueos y limitaciones, la realidad social y la porosidad de las fronteras internas y externas, dificulta una labor idónea, ya que ha continuado de manera permanente el contrabando en todas las áreas del país, incluyendo el paso fronterizo de refugiados y milicias (Tsurkov & Jukhadar, 2020).

En el estamento militar del Estado se mantuvo la operación de las fábricas que abastecen a las Fuerzas Armadas, así como el de las autoridades sanitarias asociadas al Ministerio de Defensa. Entre marzo y abril se suspendieron las actividades de reclutamiento y también se desmovilizó el personal enlistado y en servicio desde antes del 2013, para reducir el personal de mayor edad y compensarlo. En marzo se nombró nuevo personal médico recién graduado, y se titularon médicos residentes y profesionales de facultades de medicina como oficiales para el servicio en unidades de combate con su respectivo entrenamiento militar. También se contrató nuevo personal médico, incluyendo estudiantes de medicina que aún no se han graduado (al-Mustafa, 2020).

Al inicio de la pandemia, algunas de las medias tomadas por el gobierno fueron el cierre de escuelas y universidades, la prohibición de oraciones comunales, el cierre de tiendas, la reducción de horarios laborales, la imposición de toques de queda y la no movilización entre las provincias. Las restricciones de horario han generado que los centros de distribución de alimentos subsidiados se saturen (Tsurkov & Jukhadar, 2020).

En abril se levantaron las medidas de aislamiento en Mneen (Rif Damasco) al considerar que ya no se registraban casos de contagio en dicha ciudad (Tsurkov, 2020b). Y aunque los casos de contagio aumentan, el gobierno ha permitido la apertura de clubes deportivos y otros establecimientos, regulando su capacidad y manteniendo el distanciamiento social, así mismo, los hospitales han reactivado los tratamientos y campañas de vacunación que no tienen que ver con el Covid-19, ya que se habían suspendido de manera preventiva (Syria in Context, 2020).

Personal sanitario analiza pruebas de sangre en el Hospital Universitario al-Assad en Damasco el 15 abril / Louai Beshara – AFP
Personal sanitario analiza pruebas de sangre en el Hospital Universitario al-Assad en Damasco el 15 abril / Louai Beshara – AFP

La mayoría de las fronteras de Siria se mantuvieron cerradas, con excepciones de carácter comercial o humanitario desde mayo, con Irak, Líbano, Turquía y, recién a mediados de junio, con Jordania (OCHA/OMS, 2020, pág. 3). Por ejemplo, la frontera entre Siria y Líbano en los cruces de al-Massná y al-Aboudya será reabierta a mediados de junio con la intención de permitir el regreso de los ciudadanos libaneses a su país (SANA, 2020a). También destacan los problemas que han tenido algunos camiones, según el gobierno sirio, con ayuda alimentaria de la ONU y CICR, y según algunos medios de comunicación, con contrabando para llegar a la frontera e ingresar a Siria (SANA, 2020b). En las zonas del gobierno sirio desde el 26 de mayo se levantaron las medias de asilamiento y el viaje entre provincias, los mercados reabrieron y los rezos grupales en las mezquitas se permiten manteniendo el distanciamiento social (OCHA/OMS, 2020, pág. 3).

El autoritarismo del gobierno también ha hecho gala en la contención del Covid-19, algunos ciudadanos que difundieron información sobre posibles personas contagiadas, inclusive por WhatsApp, fueron arrestados por los servicios de inteligencia (Mukhabarat). Así como han ejercido presiones sobre los médicos, como se enunció antes, para que guarden silencio y no alerten sobre posibles contagios o muertes relacionadas al Covid-19. El escenario de miedo y zozobra ha llevado a que los ciudadanos, incluso ante la duda de estar contagiados, no recurran a los servicios de salud (Tsurkov & Jukhadar, 2020).

Hay, además, otras condiciones que generan preocupación por el alto riesgo de contagio y de infecciones masivas, como son la densidad poblacional en algunos lugares del país, el gran número de prisioneros y las condiciones de su reclusión, los campamentos de desplazados internos, los barrios marginales y el empobrecimiento del pueblo sirio (Tsurkov & Jukhadar, 2020).

Las prisiones del gobierno y la escasez de pan

Las prisiones, centro de detención y mazmorras clandestinas de RAS se han convertido en un riesgo latente de contagio. Las condiciones, ya de por sí precarias, marcadas por altos niveles de hacinamiento, falta de saneamiento y agua, hambre y prácticas de tortura, han dejado al menos 35 prisioneros muertos (SOHR, 2020b) (Tsurkov & Jukhadar, 2020). Esta realidad es particular con los opositores políticos y de opinión, que reciben trato diferenciado, negándoles el acceso básico a los servicios de salud, así como se les ha negado a sus familiares el acceso a los registros médicos (Tevna Kurdi, 2020a). Se estima que en las cárceles sirias hay al menos 90.212 presos, aunque la cifra podría ser mucho mayor (CCSD, 2020).

Durante el mes de abril la oposición siria informó que murieron dos guardianes de la prisión de Adra por coronavirus (información que no pudo ser confirmada por HRW), a las afueras de Damasco, y que hay casos de contagio en la prisión de Hama (Aldroubi, 2020).

En un intento por contener al virus en las prisiones, el Comité internacional de la Cruz Roja (CICR) entregó kits de higiene, equipos y material desinfectante, guantes, gafas y batas para 10 cárceles en el país (Aldroubi, 2020). El gobierno, también ha recibido entre abril y junio 2.000 kits, mascaras, ropa protectora y otros insumos de China, y 10.000 kits, 50 ventiladores y 2.000 equipos de protección por parte de Rusia (HRW, 2020) (Syria in Context, 2020).

Y si no fuera ya suficientemente caótica la realidad del país, el gobierno de Damasco afronta grandes dificultades relacionadas con la escasez de trigo y de pan, los cuales son fundamentales en la dieta del pueblo sirio. Dicha situación ha llevado a la entrega racionada de estos y otros productos básicos subsidiados, lo que ha implicado riesgos por las aglomeraciones de la población para recibirlos (Gharibah, 2020). También se ha sumado a esto la devaluación de la libra siria en un 70%, y como tal, el aumento de los precios, que se ha profundizado con las nuevas sanciones de EE. UU., la pandemia y la crisis económica del Líbano (por la fuerte relación entre ambos países), y que representan una realidad de mayor inestabilidad para el presidente Bashar al-Assad (Tsurkov, 2020a) (Mroue, 2020).

Hombre sostiene billetes de 2.000 libras con el retrato del presidente Bashar al-Assad / Delil Souleiman – AFP

Estas complicaciones no solo afectan la realidad social y económica de las zonas bajo control de la RAS, sino también, de las zonas bajo control rebelde-turco, en las que, por ejemplo, se está introduciendo la lira turca. En Idlib, el acceso a bienes es casi imposible para una población que carece de ingresos (Tsurkov, 2020e), allí el GS fijó un precio para la compra del trigo $20 mayor al del GIS (SOHR, 2020c), y en la zonas bajo control kurdo, se han tomado medidas procurando comprar el trigo a una tasa basada en el dólar (Szuba, 2020).

Otros de los problemas asociados a la caída de la moneda y las sanciones económicas es la escasez de medicamentos, el cierre de fábricas y farmacias que se ha generado, entre otras razones, por la falta de insumos y sus altos costos, el poco redito que reciben las compañías farmacéuticas por su producción y la exportación irregular, ya que se compran a altos precios en Líbano, Jordania e Irak (North Press, 2020c) (Sahloul, 2020).

Por si fuera poco, distintas áreas del país se han visto afectadas por incendios de cultivos, como en la sureña ciudad de al-Suwaidaa (conocida como la Pequeña Venezuela y de mayoría drusa)7, lo que llevó, inicialmente en mayo, a algunos de sus pobladores a realizar un plantón como protesta, en el que tuvo eco las solitarias consignas del activista Raed al-Khatib8 en contra del presidente. En junio se reactivaron dichas manifestaciones, siendo ya masivas y en las que se ondearon banderas de la revolución siria y se cantaron masivamente consignas revolucionarias del 2011 en contra de Bashar (Tsurkov, 2020c). Las movilizaciones fueron replicadas en otras zonas del país como Daraa, Idlib y Deir ez-Zor (en mayo también se generaron protestas en esta última localidad, bajo demandas de cambio del consejo local y contra las FDS, que disolvió las protestas violentamente) (SOHR, 2020a) (al-Khateb, 2020).

¿Y qué ha pasado en la Administración Autónoma y las zonas de la oposición respaldada por Turquía?

*Originalmente publicado en ecuadortoday.media y en lanzasyletras.com

Notas

  1.  O conflicto armado interno internacionalizado (Schindler, 1982).
  2.  El partido Baath gobierna Siria desde 1963 y la familia Assad controla el gobierno sirio desde 1970, cuando Hafez al-Assad, padre de Bashar, tomó el poder con un golpe de Estado.
  3.  También reconocido como Rojava y con las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) como la estructura militar que congrega brigadas con un amplio carácter interétnico.
  4.  Conformado por la Coalición Nacional para las Fuerzas de la Revolución y la Oposición Siria (CNFROS) y cuya estructura militar es el Ejercito Nacional Sirio (ENS), también conocido como Ejercito Libre Sirio apoyado por Turquía y entre los que se encuentra una variedad de milicias islamistas y moderadas.
  5.  En Idlib confluyen una variedad de milicias y grupos políticos muy diversos entre sí, que en distintos momentos se han dividido, aliado o enfrentado, dependiendo de sus intereses, radicalidad o supervivencia. En la actualidad HTS y ENS se reparten el poder con otras estructuras armadas, incluso al interior de ENS se han dado enfrentamientos entre sus distintas milicias afiliadas. No hay detalles sobre las otras facciones procurando no complejizar el análisis que nos convoca.
  6.  La película documental For Sama (2019) de Waad Al-Kateab, es un retrato destacado de esta situación, vale la pena verla de manera pausada y crítica.
  7.  La ciudad hace parte de los territorios bajo control del régimen, pero en la práctica es, principalmente controlada, por las milicias locales drusas.
  8.  Y que sería arrestado de manera irregular el pasado 2 de junio (North Press, 2020b).

Referencias

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