Somos las mujeres que movemos el mundo…

Fotos por Anita Puchard Serra, Marine Morandeau y Juan Salvador Bordas

El 8 de marzo, además de ser en todo el mundo el día de las mujeres trabajadoras, en casi 50 países las feminidades oprimidas llevarán adelante el primer Paro Internacional de Mujeres. Pero ¿quiénes somos?, ¿qué hacemos?, ¿cuáles son nuestras luchas?, ¿por qué paramos? Un trabajo de la sección “Fotografía” de Marcha.

 

Por Anita Pouchard Serra
Kamaria es oriunda de Mayota, un territorio aún dependiente de Francia, cerca de Madagascar. Es trabajadora de un servicio social de la Asociacion Nabuchodonosor, un colectivo que promueve el encuentro de las y los vecinos y la integración en Beziers, al sur de Francia. Tambien trabaja en el bar asociativo del colectivo, el Barnabu.

Por Marine Morandeau y Juan Salvador Bordas            

Ana fue maestra. Está jubilada. Junto a otros vecinos impulsa el Servicio de Educación Popular, con su Biblioteca y posteriormente la “FM Popular”, primer Radio Comunitaria de la ciudad. Sus programas dicen de las suturas entre la historia de Ana con el barrio: “Mirando lejos” recuperaba la mirada y luchas de los barrios santafesinos, el mítico “Contra viento y marea” programa del Movimiento de Desocupados en Lucha y “La Esquina” informativo que propone una mirada barrial de la actualidad política. Ana remarca “la garra y el enorme coraje de las mujeres” que salieron a buscarse el pan frente a la desocupación y la miseria neoliberal mientras los maridos estaban llorando desplomados en la casa. Piensa que un paro no alcanza. “Las mujeres tienen un enorme lugar con sus sueños, sus ideas, su trabajo en las organizaciones. Y eso aún no está debidamente reconocido ni sentido por los compañeros, menos aún desde el Estado”. Es indistinguible si Ana aprendió de la vida o la vida fue quien aprende de ella.

 

Por Anita Pouchard Serra

                           Teresa es oriunda de España. Es fotoperiodista y activista.

 

                                                                                                                                                                                        Por Marine Morandeau y Juan Salvador Bordas

Susana, Rosana y Emilia se conocieron en el Movimiento de Desocupados en Lucha del barrio Santa Rosa de Lima (Santa Fe). Caminaron ministerios y cortes de ruta y ollas populares. Cuentan incontables represiones y escaramuzas en las huidas. A cambio de materiales, reconstruyeron parte de lo destruido por las inundaciones del 2003 organizadas en cooperativas de hombres y mujeres. Subidas a los techos, tirando ladrillos. “Nosotras quedamos hasta el final. Los hombres abandonaban rápido”, dicen. 

Durante las mañanas, trabajan “fregando pisos de otros”. Todas las tardes, sostienen un apoyo escolar para las pibas y pibes en la Biblioteca Popular “Padre Lucho Quiroga”. Los viernes hacen un taller de cocina donde “siempre preparan un poco más para que los chicos se lleven a la casa”. Tienen una fotocopiadora autogestiva. Aunque van a marchar la tarde del 8 de marzo, no pueden parar. “Yo trabajo por el día. Si paro no como” dice Susana. Rosana asiente. Emilia está jubilada desde hace dos años. Distintas formas de violencia surcan sus vida. Escapes, soledades, frustraciones. Han llorado y reído juntas. A contrapelo de esa historia aparentemente irremontable, se han parado como mujeres.

                                                                                                                                                                                      Por Marine Morandeau y Juan Salvador Bordas

Lara es doula. Junto a otras mujeres parteras y doulas de Santa Fe y Paraná practican la partería tradicional. Acompañan la gestación, nacimiento-parto, post-parto, crianza, lactancia brindando sostén y apoyo a las mujeres y las familias en esos procesos de transformación. “La doula es como un puente entre la mamá, la partera y la comunidad“ sugiere. Es la recuperación de saberes ancestrales. De “las funciones que eran aseguradas por las abuelas, las vecinas, las mujeres cercanas”. Esa intimidad se produce en la casa y con la familia. La ronda de mujeres y la escucha atenta son parte de una afectividad alternativa y contrapuesta al rutinario y burocrático examen médico. Frente a la embarazada como mujer enferma, aparece una mujer poderosa, sabia y dueña de su cuerpo. 

Para ella, el 8 de marzo “es un día de reconocimiento y celebración a la mujer como guardianas de nuestra humanidad y merece la protección y la honra de todxs”..