Springfield resiste (1)

Por Santiago Mayor. Primera entrega del análisis de la serie animada que se convirtió en un fenómeno mundial durante la década del ’90: Los Simpson. Una discusión con las posturas que plantean una visión negativa sobre la serie y su papel como “resistencia cultural” al neoliberalismo.

 

 

 

A 25 años de su nacimiento, una nota sobre Los Simpson. ¿Cuál es el motivo? En primer lugar saldar una deuda pendiente que tiene que ver con comenzar un análisis sobre lo que significó esta serie en un contexto social y político muy particular tanto en América Latina como en todo el mundo: la década del ‘90. ¿Qué se puede recuperar de un dibujo animado que supo ganar las pantallas televisivas de los cinco continentes y convertirse en un fenómeno de masas mundial en pleno auge neoliberal?

De la mano de este primer punto viene el segundo motivo: la visión poco feliz que se tiene, desde algunos sectores de la izquierda, sobre esta serie animada. Lejos de hablar de censura como han hecho los grandes medios monopólicos del continente resultan llamativos los cuestionamientos que se le han hecho a Los Simpson desde procesos como los de Venezuela y Ecuador (impidiendo, hace ya algunos años, que sean transmitidos fuera del horario de protección al menor) y el acompañamiento que han tenido estas medidas con justificaciones políticas y teóricas de diversos medios e intelectuales del campo popular.  La  visión que supone que Los Simpson son una serie sólo para los adultos con capacidad de comprender los chistes, gags y comentarios en todos sus niveles y que resultaría nociva para los niños, sujetos incapaces de asimilar la sátira en toda su dimensión requiere, de mínima, ser puesta en cuestión.

“El coco está en la casa”

Los Simpson nacen en 1987 con capítulos cortos dentro del programa “The Tracey Ullman Show”. Se instalan como serie independiente en el año 1989 dentro de la conservadora cadena FOX de televisión.

Es decir que en el momento en que el muro de Berlín caía, se venía abajo el “socialismo real” y el neoliberalismo se convertía en ideología hegemónica a nivel mundial, una serie animada cuyo eje central era la parodia del “american way of life” ganaba el prime time de la televisión en EE.UU. (algo que no sucedía desde Los Picapiedras) y rápidamente se expandía por las pantallas de todo el mundo.

Desde ya que a lo largo de los más de 20 años que la serie lleva en el aire ha cambiado mucho su contenido, sin embargo esta nota se centrará particularmente en su desarrollo durante la década de los ’90. Momentos que la serie alcanzó sus picos más altos, llegando a su esplendor a mediados de la misma. Es en este período que se puede ver su papel crítico y cuestionador. Años más tarde (sobre todo con el cambio de siglo, guionistas y productores), la serie ira perdiendo calidad tanto en el plano político y social como humorístico, pero eso no es lo que ocupará estas líneas.

Retomando entonces, Los Simpson aparecen en escena justo en el “fin de la historia” y la aparente derrota de todo proceso transformador a nivel mundial. Sin embargo rápidamente se convertirán en un fenómeno de masas (y de culto a la vez) yendo “a contrapelo” del discurso hegemónico.

“Hable más fuerte que tengo una toalla”

No será este el primer artículo que diga que Los Simpson hacen una crítica aguda de la sociedad norteamericana y que su humor, plagado de sarcasmo, ha molestado a más de un “republicano”. Sin embargo también se ha dicho que, en el fondo, la serie tiene un mensaje conformista y tranquilizador que tiende a la pasividad. Los argumentos esgrimidos principalmente giran en torno a la idea de que todo se resuelve siempre en el mismo contexto, terminando cada capítulo en el punto de partida sin haber cambiado nada y que Springfield es el único espacio dónde se desarrolla “la historia” (no la de Los Simpson, sino de la sociedad en su conjunto).

Es interesante partir desde aquí para discutir con esta visión. Lo primero que hay que decir es que no se puede pedirle “peras al olmo”. Los Simpson son una serie de televisión y, como tal, recurre a un recurso de guión elemental que es terminar siempre en un mismo lugar para poder comenzar nuevas historias capítulo a capítulo, sin una necesaria conexión entre sí. Existen sin embargo, en estos 20 años una serie de hechos, muchas veces por cuestiones ajenas al guión, que se han ido acumulando y modificaron la historia de algunos personajes de la serie – uno de los casos más conocidos es cuando Paul Mc Cartney aceptó participar con su voz a cambio de que Lisa se convierta en vegetariana para siempre -.

Segundo, no se puede olvidar el contexto de nacimiento de la serie que se planteo anteriormente. En momentos donde todo proyecto de transformación radical parecía derrotado ¿por qué una serie yanqui habría de plantear la superación? Si varios militantes y movimientos revolucionarios se vieron golpeados por esta realidad y no veían una salida posible ¿eran Los Simpson los encargados de mostrar el camino?

Teniendo esta base, aparece la magia de Los Simpson. A pesar de ese contexto absolutamente desfavorable, de derrota, este mundo amarillo presentará una serie de resistencias al neoliberalismo que traspasará las fronteras televisivas llegando a la mismísima arena electoral estadounidense cuando George Bush (padre) sostenga en un discurso de campaña durante el año 1992 que había que seguir defendiendo la familia americana para “que se parezca más a los Walton y menos a Los Simpson”.

En las próximas entregas abordaremos de que manera Los Simpson mantuvieron presente y desarrollaron, humor mediante, pequeñas resistencias al modelo neoliberal. El lenguaje utilizado, la caracterización de los personajes, las referencias a hechos históricos, sociales y culturales. La parodia permanente y la burla a un modo de vida que buscaba imponerse como el único camino.