Tick Toper: abrir camino al matorral desconocido

Por Ramón Raggio

Con riffs y frases pegadizas, Tick Toper va llevando su música por los diferentes escenarios del rock porteño y bonaerense. Marcha charló con Emilio “El Flaco” Trotta, su vocalista y guitarrista, para entender qué es lo que se trae entre manos este grupo que de a poco va haciéndose sentir poniendo los cuerpos en movimiento.

 

Cinco sampedrinos amantes de la música. Su amistad venía desde antes de migrar a la gran ciudad. En 2010 decidieron juntarse en Monserrat con un propósito claro. A partir de ahí pusieron esfuerzos conjuntos, cada uno se colgó, armó o enchufó el instrumento que más quería, y se abrieron a un camino que hasta el día de hoy es de ida solamente, como lo muestra su última producción, su álbum De ida y sin vuelta. Por eso, antes de empezar la lectura, conviene subir el volumen y clickear acá.

-Hay quienes dicen que hay distintos tipos de música para distintos momentos del día, ¿Cuándo dirías que es el mejor momento para escuchar Tick Toper?

-Todos los momentos son buenos, no es que haya un momento especial del día para escucharnos. Cualquiera de los temas te puede golpear en cualquier horario porque no fueron construidos para el día o para la noche. Tiene que ver más con los estados de ánimo. Con el swing que tengas en el momento. De acuerdo a eso, vas a disfrutar más un tema u otro. Son energéticos, eso sí. Sabrá cada uno en qué momento del día está más cargado de vitalidad.

-El sonido de ustedes se distingue por esa vitalidad, ¿Qué es lo que propone TT?

-Propone que te escuches el disco y salgas afuera a hacer algo con muchas ganas. Propone que usemos la cabeza para eso. Propone que lo hagamos lo mejor posible. Y también propone distorsión guitarrera,  sintetizadores volando casi descontroladamente, swing para mover las caderas, riffs para aflojar el cuello y  agitar los pelos y rock. El rock es nuestro gran paño, la tela, y nosotros somos pintura embadurnándonos en él.

-¿Es por eso que invitan a un viaje de Ida sin vuelta?

-El título es una incitación para despegar hacia algún lado y adentrarse con nosotros en nuestro matorral. Y también un mensaje en código hacia nosotros mismos, el cual indica un desafío. Queremos dedicarnos a esto para siempre.

-Ustedes hace tiempo que vienen moviéndose y tocando mucho. A veces la música se complica por la rutina que está afuera, ¿Cómo es un día promedio en la vida de un TT?

-Mirá, lamentablemente es mucho menos glamouroso de lo que quisiéramos. Porque tenemos que ir a laburar todos los días y a desconcentrarte a la fuerza del trabajo de la banda en otra cosa. Aún estamos en esa lucha que esperamos pronto ganar. Lo que hace la diferencia es que estás todo el día, las 24 horas, pensando en la banda. Y entonces todo lo que gira alrededor de uno tiene que ver con la banda y eso está buenísimo, te mantiene ahí empapado en eso. Y los días que ensayamos, al menos tres en la semana de unas largas horas, te sentís realizado, y ni hablar cuando tocas. ¡Y ni te digo cuando cobras, ja!

-¿Cómo estás viendo la escena under?

-La escena se ve si no la mirás con una lupa muy grande, porque cuando te acercas mucho desaparece, se hacen un montón de grupitos chiquititos y ahí se estanca. Porque no se mueven entre sí, interactúan poco. Hay una unión metafísica entre todos de buena onda pero a la hora de hacer a veces se complican un poco los astros. Y el entorno ayuda poco a la situación, hay pocos lugares copados para tocar donde quieran darle una mano a la escena y no quieran en realidad meterle la mano en algún lado o un dedo.

Los gobiernos tiran muy pocos centros para muchos cabeceadores. Es un círculo que no se alimenta bien, hay bandas, hay público pero no hay algo dispuesto realmente para que estos se relacionen y se autoalimenten. Habría que prestarle más atención, darle más lugar, más espacios para desarrollarse y así iría creciendo también el nivel del producto que la escena under brinda, y también así habría más personas interesadas, agrandando la bola a full. Pero no. La necesidad por el dinero no nos deja ver más allá de la zanahoria que vamos corriendo, y entonces la emergencia va lentificando todo, casi hasta detenerlo. No obstante eso hay un montón de bandas buenísimas en actividad, nuevas y otras no tanto, que se mueven incansablemente para que la rueda gire. Algún día lo vamos a lograr y vamos a salir andando.

-¿Qué música anduviste escuchando últimamente?

-Los discos de Bowie del 75 al 80, Beck, Jack White, Tricky, Nine Inch Nails, jazz muy fino de nombres que no recuerdo presentados por nuestro maravilloso baterista, La patrulla espacial, Gualicho Turbio, Tulus, Queens of the Stone Age, Western Pachanga, entre otro montón de cosas más que ahora naufragan en mi laguna.

-Si tuvieras que elegir un cover para hacer ahora mismo, ¿Qué harías?

Estamos haciendo Devil’s Hair Cut de Beck, el cual cariñosamente llamamos “El peinado del Diablo”.

-Hace poco sacaron el material, ¿Cómo siguen?

-El disco está ahora en Spotify, en I -tunes, en Deezer, en YouTube. Anda suelto por ahí para que la gente lo puedas escuchar y quien quiera tenerlo en su casa, en la mesita de luz, tenemos una hermosa edición física disponible. Y vamos a tocar en todo lo que podamos presentando esas canciones. Tocamos hace unos días en Buenos Aires, vamos a tocar en mayo en nuestro San Pedro natal, vamos a tocar en julio en La Plata y en Zarate. Y en las fechas que vayan saliendo, ya que siempre estamos al asecho.