#8M. Todas en peligro

Por Carla Perelló y Laura Salomé Canteros/ Foto por Tadeo Bourbon

Veinte personas fueron detenidas y liberadas tras una cacería organizada por integrantes de las fuerzas represivas en inmediaciones a la Plaza de Mayo. Se abrió una causa para investigar el accionar policial.

Al igual que las mujeres que ven en riesgo sus vidas y denuncian a los machos agresores, las que salimos a las calles este 8 de marzo estuvimos en total estado de indefensión. Ante los cuidados que nos autogestionamos en lo cotidiano y cuando salimos a reclamar por nuestros derechos, el Estado volvió a responder con lo que mejor sabe hacer: reprimir.

Como en el operativo realizado por la Policía Bonaerense de Daniel Scioli en el ENM de 2015 frente a la Catedral de Mar del Plata, anoche la ex Policía Federal Argentina y la Policía Metropolitana de Horacio Rodríguez Larreta realizaron una cacería sobre las calles de la Ciudad de Buenos Aires tras la que detuvieron arbitrariamente a 17 mujeres, lesbianas y bisexuales.

Los efectivos, que parecían armados para la guerra, realizaron primero un desalojo con gases lacrimógenos y agua de los camiones hidrantes a la Plaza de Mayo y que luego se extendió sobre Av. de Mayo y las diagonales. Eran alrededor de las 23 (tres horas después de los multidifundidos “incidentes” frente a la Catedral) y muy pocas personas quedaban en las inmediaciones de la plaza del pueblo, algunas realizando una fiesta frente al Cabildo, otras cenando con compañeras en lugares cercanos. Porque ante todo, el 8 de marzo fue la mejor fiesta organizada.

La cacería, la represión y las detenciones fueron brutales y constituyeron vulneraciones a los Derechos Humanos. Efectivos de civil y uniformados pero sin portar identificación detuvieron arbitrariamente a mujeres, las golpearon, amenazaron y violentaron, atropellos que continuaron en las horas en las que estuvieron detenidas, aproximadamente nueve horas.

Hace días seis mujeres habían sido detenidas y judicializadas por realizar pintadas como acción de difusión del Paro Internacional de Mujeres. El resultado de otra noche de resistencia ante el avance en la decisión política de criminalizar a las mujeres luchadoras fue el siguiente: 8 personas detenidas en la Alcaldía de la Comuna 4, 9 en la Comisaría 30, 2 en la Comisaría 4ta y uno en el Instituto Inchausti.

Las imputaciones son por “atentado, resistencia a la autoridad y lesiones” y la UFEM (Unidad Fiscal Especializada en violencia contra las Mujeres) y la Procuvin (Procuraduría de Violencia Institucional) abrieron una causa para investigar el accionar policial. A este respecto se están recibiendo denuncias de quienes fueron afectadas, detenidas o testigos que puedan aportar información, videos u otro tipo de datos que contribuya a reconstruir la represión de anoche.

Cuando nadie los ve. Relato de la cacería y represión 

Faltaba una hora para la medianoche y hacía pocos minutos que el paro y la movilización del movimiento de las mujeres y feminista había terminado. Un grupo mayoritariamente de chicas disfrutaba de una fiesta improvisada que se había armado frente al Cabildo, bailaban, mientras tanto un camión hidrante y efectivos de la Policía Federal y Metropolitana se parapetaron sobre Avenida de Mayo. “Vi un chorro de agua del camión y de repente estaba la policía tirando gas pimienta directamente a la cara”, contó una chica que logró escapar.

 

Había comenzado la cacería sobre las mujeres que se manifestaron en una jornada histórica, en el marco del Paro Internacional de Mujeres en el Día de la Mujer Trabajadora. Horas más tarde, llamados, mensajes y comunciaciones a través de las redes​​ sociales confirmarían que las detenidas de manera arbitraria eran cerca de 20, que acabaron distribuidas en diferentes comisarías porteñas, bajo los cargos de “atentado, resistencia y lesiones”.

“Creemos que hubo una orden de llevar detenidas mujeres”, dijo Laura Arnés, periodista de Página/12, una de las detenidas, “agarraron a una de nuestras compañeras de los pelos y la tiraron al piso, yo la quise agarrar y me tiraron a mi”. Contó que las arrastraron cuatro cuadras, las insultaron y amenazaron “nos dijeron que nos iban a romper los brazos”. Todo esto sin haberles comunicado el motivo de la detención. “En la Comisaría nos requisaron dos veces, nos hicieron sacar la ropa, nos tocaron, a unas nos pusieron contra la pared”.

Minutos después, el cielo relampagueaba y una lluvia intensa mojaba el asfalto. Y la policía logró acomodarse sobre Diagonal Sur y encerrar en el medio a unas veinte chicas que pedían que no les hicieran nada. Por Avenida de Mayo, otro grupo de efectivos hizo lo suyo: cuando otro par de chicas intentó correr, las agarraron y arrastraron hasta un móvil para detenerlas. Cuando un jóven intentó preguntar por qué se las llevaban, lo tiraron al piso, lo golpearon y le robaron las pertenencias.

“Vi que le pegaban a dos chicas y le empecé a preguntar por qué les hacen eso y se me acercaron dos corriendo, me empiezan a pegar, me llevan a una calle, me siguen pegando y, mientras le pegaban a dos chicas. Y yo les decía que eran unos cobardes, entonces vienen dos policías mujeres que les siguieron pegando y a mi me tiraron con gas pimienta”, contó a Marcha el joven, quien también denunció robo por parte de la policía ya que cuando logró tener su mochila pudo identificar que le faltaba una cámara de fotos y la billetera.

Las denuncias por la situación que se estaba viviendo no tardó en viralizarse entre todas las mujeres que participaron, y no, de la movilización que paró el país a lo largo y a lo ancho. Y, eso, sucedió a pesar de que desde las fuerzas represivas concretaron una práctica que no es nueva: la represión y las detenciones comenzaron cuando las cámaras de televisión ya se habían apagado, cuando eran sólo unas pocas las personas que quedaban allí en derredor.

Se dice: no es nueva porque lo mismo hizo la Metropolitana, en Parque Centenario por 2013, cuando la asamblea barrial se paró y alzó su voz en contra de las rejas que Mauricio Macri finalmente instaló al allí, la represión comenzó pasadas las 22, cuando ya no había cronistas ni personalidades que registraran los hechos. De igual manera actuaron durante los ENMs en Mar del Plata y, otra vez, en Rosario.