A un año del #8A: la revolución la llevamos dentro

Relatos urgentes para recordar porqué es el feminismo el que nos salvó la vida.

Por Ana Paula Marangoni / Foto: Cobertura colaborativa 8A

Hace un año amanecíamos entredormidas, las manos frías, la expectativa temblando.

Cada tanto me pregunto qué es el feminismo.
El feminismo me cambió la vida.
Me trajo dolor, mucho.
No es fácil revisar todo lo que aprendiste a lo largo de tu vida, todas las creencias en las que se basaba tu visión de la felicidad.

El feminismo me ayudó a ver más claro que cada puta publicidad nos enseña a estar siempre “lindas” para ellos. Que el capitalismo nos quiere boludas, sumisas y enemistadas.
Me permitió revisar la llaga de abusos vividos y de todas las veces que permití que tengan poder sobre mi cuerpo. Chongos, noviecitos, no se salva nadie.

El grito de “ni una menos” me ayudó a recordar a todas las que se llevan, a las que violan y matan, a las que viven la violencia física y psicológica por parte de quienes más tendrían que respetarlas.
Más fichas. Los que te manipulan, los que te mienten, los que deterioran tu autoestima hasta hacerte creer que no valés nada.

Pero eso solo no es el feminismo. Sobre todo, el feminismo me ayudó a redescubrirme. A quererme, a confiar en mí.
A animarme cada vez más.
Y eso no hubiese sido posible sin otras mujeres, amigas con las que nos apoyamos, hablamos, cuestionamos todo.

Vamos derribando mandatos y nos atrevemos a vivir libremente. Porque la revolución es ver el mundo de manera diferente, es volver a abrir los ojos y nacer otra vez al mundo.
La revolución la llevamos dentro. Y no volvemos más. Lloramos y reímos, y encendemos nuestro deseo. Y a la gilada ni cabida.

La madrugada del 8 A fue una de esas noches en las que ves ese poder interior. Lo habíamos hecho las pibas, las viejas, las históricas y las de hace un mes. Eramos miles y miles a pesar del frío que te congelaba. Fueron 24 horas de dar vueltas apretujadas alrededor del congreso. Tomando mate, bailando, hablando, compartiendo un vinito, ¡y si había licor eramos nosotras!

No me olvido del laburo permanente de las compañeras de la Campaña por la legalización del aborto a lo largo de todo el año, en los pañuelazos de los martes, ganando un debate centímetro a centímetro.
No me olvido de los que se dicen pro vida y después asaltan en hospitales a nenas violadas para “salvar las dos vidas” sin importarle su salud, su doble trauma, su derecho a seguir siendo una niña.

La legalización del aborto es el derecho a decidir cuando el Estado y la sociedad te vulneran. Es la lucha contra el aborto clandestino. Es nuestro derecho a decidir cuando todo depende en definitiva de vos. Después, cada cual, según su creencia, también decide como vivir su vida.

El feminismo me cambió la vida. Hay tantas cosas a las que ya no vuelvo.
Llevamos la transformación adentro y eso es un hecho.
Por eso, no volvemos más a la sumisión, encendemos nuestro deseo, vamos por lo que queremos.

Y sí, va a ser ley. ¡Será ley!
Por nosotras, por las que nos precedieron, por las que vendrán.
Por las que estamos, por las que ya no están, y por las que están por sumarse gracias a una charla, un encuentro o un abrazo a tiempo de una amiga.