Un corto para cambiar

Por Noelia Leiva. Estudiantes de una secundaria del Conurbano bonaerense elaboraron un audiovisual en el que denuncian cómo la violencia social los atraviesa y los estigmatiza. Las redes sociales son su principal pantalla.

 

“Nuestro punto de partida fue querer contar que en la escuela hay bullying pero vinculado a las clases sociales y a las tribus urbanas. En base a eso se discrimina y trata mal. Creemos que el primer paso es cambiar nosotros mismos”, describió Emanuel Schilling, que en su último año en la Secundaria 37 de Lomas de Zamora dirigió el corto Te espero a la salida junto a sus compañeros y compañeras. Fue presentado en Chapadmalal en el marco de un encuentro bonaerense de jóvenes pero su principal herramienta es la multiplicación online para llegar a pares.

Los 40 minutos que dura el material cuentan la historia de Maxi, el “Bocha” para los conocidos, un adolescente que tiene un padre ‘transa’ con quien se pelea porque “quema” a sus amigos con lo que les vende. El vínculo con la Policía corrupta, la necesidad de pertenecer, la burla hacia los pibes ‘chetos’ del barrio y las etiquetas mediáticas nocivas que cargan sobre sus espaldas hacen a la trama del trabajo que fue elaborado en 2013 en el marco del plan “Jóvenes y Memoria”, pero que cruzó la frontera de lo esperado.

“Empezamos con algo muy básico y lo convertimos en una re película. Siempre fuimos probando porque a veces teníamos discusiones para ponernos de acuerdo”, enfatizó Schilling. Así como lo denunciaron en el relato, al interior del proyecto algunas distancias estaban naturalizadas. “Muchos chicos no somos de la misma clase y no pensábamos igual. Somos muy diferentes pero logramos armar un grupo unido”, reconoció quien con sus 18 años aspira a formarse en el cine. Tres educadores y unos diez estudiantes conformaron el plantel que trabajó para compartir el producto en el XIII Encuentro de la Comisión Provincial de la Memoria que se realizó en noviembre último. Youtube y Facebook se convirtieron en pantallas permanentes desde donde identificar la violencia social que los estigmatiza.

La proyección “muestra relaciones complejas a nivel institucional. Los chicos viven en los barrios El Faro, El Progreso y Villa Rita de Lomas de Zamora, donde es muy difícil romper las redes (ilegales) instaladas durante mucho tiempo”, describió Victoria Mas, la docente que funcionó de nexo entre los adolescentes y las autoridades educativas. No casualmente la directora del establecimiento al que concurre el protagonista es la única que le pregunta -en la ficción- qué le sucede cuando reacciona agresivamente con un compañero. Una incipiente explicación esboza que hay que mirar qué está detrás de ese presente: “La violencia engendra violencia”, señala una profesora que quiere separar a dos muchachos que se pelean.

 “La escuela pública es testigo de todo y, ante la dificultad, somos un pilar si nos sentamos con los jóvenes para saber qué le pasa”, definió la docente. Sin embargo, en la producción se invirtieron los roles establecidos: los estudiantes decidieron en grupo qué idea abordar, con qué personajes y en qué acciones. Los adultos sólo acompañaron. El rodaje se concretó “a una cámara” y la edición “con una sola computadora”, rescató quien integró todo el material obtenido.

Junto a Ezequiel trabajó su compañero Darío Juárez, de 17 años. También fueron parte como actores y actrices David Ortega, otro flamante egresado; Ezequiel Huguetti y Johana Riera de quinto, Brian Salas, Diego Juárez y Ezequiel Sánchez de tercero y los ex alumnos Nadia Vergara, Florencia Quinteros, y Gustavo Didier. Fue la tercera experiencia en el programa que pone el énfasis en los derechos humanos pero la primera que tiene el apoyo de la institución, dirigida por Marisa Quercia. Los docentes Laura Caviglia, Fernando Iglesias, Leandro Ramos y Martín Estévez completaron el equipo que se animó a pensar en imágenes la cotidianeidad de sus vecindarios.

Los pibes y las pibas residen en barriadas ubicadas del lado ‘no residencial’ de Camino Negro, una frontera socioeconómica que los mismos habitantes de Lomas no cruzan sin un temor alimentado por los prejuicios. “Atravesados por el narcotráfico y la connivencia policial, los alumnos suelen vivir situaciones de violencia. Es entonces que se enfrentan a la mirada estigmatizadora de los adultos y medios de comunicación debido a que pertenecen a sectores que fueron vulnerados y excluidos por décadas”, señaló la Secundaria a través del Proyecto de Investigación que enmarcó la tarea.

Te espero a la salida es más que un corto que denuncia. Los hacedores buscaron interpelar a los espectadores y llamar a la acción. Un punto de reversa en el relato narrativo está marcado por una oportunidad que los personajes principales identifican para cambiar la forma de vincularse: la materialización del deseo de que las chances no lleguen sólo para los hijos o amigos de la Bonaerense. Los chicos convocan, habrá que avanzar.