Un (doble) guiño de la historia

Un (doble) guiño de la historia

Por Sebastián Tafuro. Tras 52 años, Argentina volvería a ganar una medalla de oro en Juegos Olímpicos. Y lo haría por duplicado. Un recuerdo de los inolvidables triunfos del básquet y el fútbol en Atenas 2004.

Sólo dos días le quedaban de competencia a Atenas 2004. Último sábado y al igual que lo que venía sucediendo desde Melbourne 1956, Argentina se retiraba de los Juegos Olímpicos sin la máxima medalla, sin el oro. Aunque tenía una doble chance que abría un escenario histórico para nuestro deporte. El fútbol y el básquet. Una jornada que se deseaba inolvidable.

¿Qué pasaba por estos lares en ese fin de agosto que pintaba histórico para la patria deportiva? Dos días antes el (falso) ingeniero Juan Carlos Blumberg realizaba su tercera marcha en reclamo de mayor seguridad, luego del secuestro y posterior asesinato de su hijo en marzo. El discurso de la “mano dura” se extendía en amplios sectores de la sociedad, mientras el presidente Néstor Kirchner se reunía con Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y señalaba: “La seguridad es un reclamo legítimo, pero nosotros no nos vamos a dejar llevar por la coyuntura. No importa que hoy haya diez o cien en contra, nosotros vamos a profundizar la política de derechos humanos” (una expresión que se erigía como una respuesta a la frase de Blumberg: “los que defienden los derechos humanos de los delincuentes”). Un eje clave desde ese entonces para la gestión gubernamental del fallecido ex mandatario.

En el mismo terreno, la Policía Bonaerense mataba a Cristian Manuel Muñoz Broudín, alias “Hígado”, en ese entonces el delincuente más buscado del país, que era sospechoso de haber liderado una serie de secuestros extorsivos con gran resonancia mediática.

Por otra parte, Diego Armando Maradona, luego de una reunión entre el Tribunal de Familia N°2 con sus abogados y algunos de sus familiares, quedaba cada vez más cerca de ser trasladado de la clínica psiquiátrica Del Parque en Ituzaingó – por problemas de adicción a las drogas – a Cuba, la tierra donde un tal Fidel Castro lo estaba esperando para cuidarlo y posibilitar su recuperación.

El fútbol

A Marcelo Bielsa – a quien el autor de esta nota reivindica profundamente – la vida le había dado una insólita revancha para el exitismo en el cual el fútbol argentino se mueve. Tras una lamentable eliminación en la primera ronda del Mundial 2002, la AFA decidió renovarle el contrato y dos años después se encontraba a punto de darle la primera medalla olímpica de oro en ese deporte a la Argentina (esa que, por caso, Brasil no tiene). Con un plantel sub 23 y tres mayores (Roberto Ayala, Gabriel Heinze y Cristian “Kily” González), el conjunto dirigido por el rosarino había llegado a la instancia decisiva con 5 victorias en igual cantidad de presentaciones y sin recibir goles en contra.

El sábado 28 de agosto el objetivo por el cual se había ido a Atenas – ese que se había frustado en aquel triste 3 a 2 de Nigeria en Atlanta 96 – se consiguió con un nuevo gol de Carlos Tevez frente al seleccionado de Paraguay. El “Apache” fue el goleador de la competición con 8 tantos. Un mes antes, prácticamente los mismos jugadores caían derrotados por penales en la final de la Copa América contra Brasil, un duro golpe del que se recuperarían con creces.

De esa manera, Argentina rompía con un maleficio de 52 años sin conseguir un oro olímpico tras aquel triunfo de Tranquilo Cappozzo y Eduardo Guerrero en Helsinki en la prueba del doble par de remos sin timonel. El plato mayor, la frutilla del postre, llegaría horas más tarde.

El básquet

Así como 2002 había significado para Bielsa y el seleccionado argentino de fútbol el punto más flojo de una rica historia, ese mismo año fue el puntapié inicial de lo que se conocería como “Generación Dorada” en el mundo de la pelota naranja. En el Mundial de Básquet, Argentina cayó derrotada en una polémica final ante Yugoslavia y se ganó el respeto del planeta entero, sobre todo por su inolvidable victoria ante el Dream Team estadounidense en las semifinales. La primera caída de la potencia norteamericana desde 1992.

Llegó Atenas y la ilusión era grande, aunque los jugadores manejaban con cautela la expectativa. 3 victorias y 2 derrotas en la fase inicial configuraron el acceso a cuartos de final, donde nos mediríamos contra el local. Un duelo muy caliente con una actuación deslumbrante de Walter Hermann nos ubicó entre los 4 mejores. Allí, otra vez EEUU se pondría enfrente. Allí, otra vez Argentina se iría victoriosa. Allí, el equipo dirigido por Rubén Magnano se metía en una final soñada y nombres como los de Emanuel Ginóbili, Luis Scola, Carlos Delfino o Andrés Nocioni entraban en la galería grande del deporte argentino.

El duelo clave sería frente a una Italia que nos había vencido por tan sólo un punto en la fase inicial. Sin embargo, aquel sábado glorioso Argentina nunca sufrió. Quince serían los puntos de diferencia frente al equipo europeo, 84 a 69, para celebrar quizás el mayor logro de la historia deportiva nacional.

Ocho años pasaron de aquella jornada imborrable para los amantes del deporte. Un Juego Olímpico donde Argentina volvió a cosechar oro, situación que se repetiría afortunadamente en Beijing 2008 y en el reciente Londres 2012. Un equipo de fútbol que jugó muy bien a lo largo de una competencia poco valorada (pero que muchos se mueren por ganar) y un equipo de básquet único, que difícilmente pueda volver a lograr una hazaña semejante. Dos historias colectivas de un 28 de agosto a pura emoción.