Gendarme violó a una niña: militarización y patriarcado

Gendarme violó a una niña: militarización y patriarcado

Por Noelia Leiva y Laura Salomé Canteros. Tres gendarmes fueron pasados a disponibilidad por la violación a una niña en Monte Chingolo, Lanús. La falacia de que a la seguridad la hacen más efectivos queda al descubierto cuando ellos cometen delitos contra la integridad de mujeres y niñas.

El sábado 31 de enero en el parque municipal General Manuel Belgrano, en Monte Chingolo, Lanús, una niña de 15 años fue abusada sexualmente por un efectivo de la Gendarmería Nacional mientras otro actuaba de ‘campana’ para que el delito quedara impune. Sucedió en horas de la tarde y la denuncia de visibilización fue realizada por el Frente Popular Darío Santillán (FPDS), movimiento del que tanto la menor como sus padres forman parte. De acuerdo a la misma, la violación se concretó en el baño del predio donde funcionan diversas actividades educativas y recreativas para jóvenes, niños y niñas de los barrios más humildes de la zona.

El Ministerio de Seguridad de la Nación informó que ambos agentes, más otro que completaba el turno, fueron “pasados a disponibilidad”, mientras se realizarán las pericias que determinen “futuras medidas”. El contacto de la cartera de Seguridad se dio con la agrupación política para notificar además que pondrían a disposición el área de investigaciones internas que se encarga de analizar los comportamientos por fuera de la ley de parte de los uniformados.

La Unidad Funcional de Instrucción (UFI) 4 de Lomas de Zamora asumió la investigación judicial por abuso sexual y aunque el acusado y sus cómplices habrían alegado inocencia, el entorno de la joven no recibió, al cierre de esta edición, una notificación oficial sobre ello. En los próximos días la niña deberá declarar ante un psicólogo para aportar elementos que permitan que el delito y las violencias de las que fue víctima no queden sin consecuencias.

La política represiva en el Conurbano bonaerense junto a la lógica de orden y control patriarcal no sólo militariza los barrios sino también violenta los cuerpos de las mujeres y las niñas, que se vuelven suelo para pisotear derechos y subjetividades a las que someter y de las que servirse impunemente.

La desidia y la revictimización institucional

La respuesta del Ministerio de Seguridad de la Nación llegó tras la lamentable peregrinación de la chica por la comisaría de la zona y centros de salud y luego de que una médica de la salita local sólo le diera la pastilla ‘del día después’ pero no el cóctel para prevenir enfermedades de transmisión sexual (ETS) y que la Comisaría de la Mujer y la Familia de Lanús le diera turno para dentro de casi tres meses para completar el peritaje que la Justicia necesita para imputar a los acusados. La lectura es unívoca: la desidia y la revictimización institucional toman el primer lugar cuando la víctima de un delito contra la integridad es mujer, joven y de sectores populares.

“Ayer (por el viernes último), le hicieron finalmente el peritaje pero tuvo que ir hasta La Plata porque no había perito forense en Lomas ni en Lanús. Volvió a las 19. A la mañana, desde las 7, tuvo que ir al hospital para que finalmente le dieran los medicamentos” contra las ETS, precisó para Marcha Florencia Vespignani, integrante del Frente Popular Darío Santillán (FPDS). La menor y sus padres también forman parte del Frente, lo que otorgó el grado de visibilización que las órbitas de la burocracia precisan para echar a andar sus engranajes.

El gendarme que encerró a la adolescente en el baño del predio para violarla y los otros dos efectivos involucrados en el delito se encontraban al servicio del Operativo Centinela que teóricamente se encarga de preservar la integridad de los vecinos y las vecinas. “Nos preguntamos a quién protegen, seguridad para quién”, cuestionó Vespignani. Y relató que como ‘gestos’ se redujo la presencia de la Gendarmería en la zona y que la patrulla ya no pasa por delante de la casa de la menor, algo que “se supone que hacían siempre pero después de esto adquirió otra significación”.

“Ella quiere hablar, eso es bueno”, valoró la referente del FPDS. Aunque al momento son sólo voces sueltas, el hecho dejó al descubierto que no es el primer gendarme que se trata de aprovechar de su rol de poder formal y patriarcal para con las niñas del barrio. Según trascendió, a algunas las habrían intentado seducir a partir de generar una supuesta relación mediante mensajes de texto. Nada garantiza que a otras no les pase –o haya pasado- lo mismo que a la vecina que ahora denuncia.

La seguridad ciudadana también debe tener enfoque de géneros

En los últimos años el movimiento de mujeres, el movimiento lgtbi y el feminismo organizado lograron poner en agenda la importancia de la prevención, sanción y erradicación de las violencias contras las mujeres y las personas con identidad diversa para la conformación de una sociedad equitativa y de respeto de los derechos y las libertades. Pero para esto, los Estados nacional, provincial y municipales deben la necesariedad de la implementación de políticas públicas con enfoque de géneros. Y en esto también entra la discusión sobre la seguridad ciudadana.

La falacia de que a la seguridad la hacen más efectivos en las calles queda al descubierto cuando éstos cometen delitos contra la integridad de las mujeres, las niñas y las personas lgtbi, de las más violentadas en contextos de abusos de poder de las fuerzas represivas, militarización de los territorios (con)urbanos o conflictos armados. La violencia sexual contra mujeres y niñas en ocasiones se da por el simple hecho de ser mujeres y con el objetivo de sembrar el terror en las comunidades y facilitar la imposición del control de la o las fuerzas. A veces las mujeres son escogidas como víctimas también como represalia por ser las lideresas en los territorios y en ocasiones como intentos para silenciarlas porque son las primeras en denunciar los abusos de todo tipo en los barrios. Sin embargo, la falta de estadísticas no permite evidenciar en qué medida esto afecta al Conurbano bonaerense.

La Gendarmería Nacional es una fuerza de “seguridad” de naturaleza militar que cumple “su misión y sus funciones” en el marco de la “seguridad interior”, la “defensa nacional” y el apoyo a la “política exterior” y dice tener “capacidades para disuadir y responder amenazas, crisis, contingencias e incidentes” en estos contextos. Desde octubre de 2011 cuenta con el Departamento Integral de Género con los objetivos de eliminar las diferencias de género y la erradicación de la violencia laboral para permitir “a cada trabajador un mejor acceso y mayores oportunidades para su desarrollo laboral y personal” dentro de la fuerza. Sin embargo, nada dice sobre el no ejercicio de violencias machofachistas de parte de sus integrantes hacia “civiles”.

Desde el Frente Popular Darío Santillán exigen tanto el retiro inmediato de Gendarmería Nacional del Parque Municipal Manuel Belgrano en Monte Chingolo como la revisión de todo el sistema nacional y provincial de atención  a las víctimas de abuso sexual con el objetivo de impedir que se repita la revictimización y la desprotección. Desde toda la sociedad exigimos justicia para la víctima y voluntad política para combatir la impunidad que podría significar la no condena de los gendarmes implicados por violación y complicidad en este caso.

Recuadro:

La militarización de los barrios y las violencias