Una Asamblea Universitaria (poco) democrática

Una Asamblea Universitaria (poco) democrática

La UBA renovó sus autoridades, en el Congreso Nacional, siendo elegido como rector Alberto Barbieri, para el periodo 2014 – 2018. Se desplego un fuerte dispositivo de seguridad para impedir que los estudiantes puedan ingresas a la Asamblea Universitaria, a la cual denunciaban de antidemocrática. Fuera del Congreso la policía reprimió con balas de goma y gases lacrimógenos.

Finalmente, en medio de un fuerte dispositivo de seguridad, que incluyo a la Guardia de Infantería, balas de goma y gases lacrimógenos, se renovaron las autoridades en la Universidad de Buenos Aires, con una asamblea universitaria, que sesionó dentro del Congreso de la Nacional, que amaneció totalmente vallado. El elegido fue el ex decano de la Facultad de Ciencias Económicas, Alberto Barbieri.

146 votos le alcanzaron al ex vice-rector para ser quien dirigirá los destinos de la UBA por los próximos 4 años. En el camino quedó Federico Schuster, ex decano de la faculta de Ciencias Sociales, quien sumó apenas 44 votos, mientras hubo 5 abstenciones y 22 ausencias, estas últimas producto de la represión que se sucedía fuera del Congreso mientras sesionaba la asamblea, y que le negó la participación a representantes estudiantiles.

Tras ser elegido como rector, Barbieri sostuvo: “Quiero agradecer el enorme honor y la enorme responsabilidad que me acaba de dar la Asamblea Universitaria. Prometo una gestión abierta, plural e invito a toda la comunidad a trabajar todos juntos, tratando de disminuir las diferencias”.

Días antes de la elección, el nuevo rector de la UBA había recibido el espaldarazo del Jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, con quien se reunió, bajo el pretexto de conversar sobre proyectos futuros para la universidad.

Con un congreso totalmente vallado, que impedía el acceso a una instancia publica como es la asamblea universitaria, se dio inicio a las 9 de la mañana al proceso de elección de rector. El día anterior diferentes organizaciones política estudiantiles de izquierda habían organizado un festival contra la asamblea a la cual consideraban ilegitima y poco representativa.

La elección de rector poco se diferenció del funcionamiento que ha adquirido el máximo órgano de cogobierno de la universidad los últimos años. Tras la asunción de Rubén Hallú en 2006, las reuniones de Consejo Superior comenzaron a sesionar con presencia policía y vallas de seguridad que impidieran como sucedió en 2008 la toma del rectorado.

Violando los estatutos universitarios, que señalan que dichas instancias de gobierno deben ser públicas, Hallú continuó durante toda su gestión esta política, que también aplicó cuando fue reelecto en 2009. En aquella ocasión se  vio lo mismo que hoy a la mañana. Despliegue de la guardia de infantería, balas de goma, y represión a los estudiantes que afuera del Congreso reclamaban por una reforma estatutaria.

La diferencia hoy por la mañana la anotaron las organizaciones nucleadas en el Frente de Izquierda (Partido Obrero, PTS, Izquierda Socialista), quienes decidieron ingresar a la asamblea universitaria y presentaron su propia propuesta. En ella instaban a que quienes integraban el asamblea universitaria la auto disuelvan (sic), y convocasen a una nueva para el día 29 de mayo de 2014. La propuesta recibió tanto el rechazo como el abucheo del resto de los consejeros allí presentes.

Al ser consultados sobre la manifestación que se sucedía puertas afuera del Congreso, Alejandro Lipcovich del Partido Obrero, y Consejero Superior sostuvo: “Desconozco a esta gente en particular (la que lanza piedras), este tipo de disturbios es una provocación contra la movilización aquí realizada. La FUBA no puede hacerse cargo por la acción de otros”.

Algo similar afirmaría más tarde el nuevo rector, cuando al ser consultado señalo que  “hay sectores que utilizan la metodología de la violencia pero la mayoría se opone a esto; si recorren ahora las universidades, hay más de 300 mil alumnos estudiando y esa es la Universidad que queremos”.

Entre la democracia y el oscurantismo

La principal crítica que sostenían los y las  estudiantes que se manifestaban contra la asamblea universitaria fuera del Congreso, es su carácter antidemocrático, en donde algunos claustros como el de profesores se encuentran sobrerrepresentado, mientras otro como el estudiantil subrepresentado. Esto se desprende del hecho de que solo el 5% de los docentes están habilitados para votar, mientras la gran mayoría de la población universitaria, los 270.000 estudiantes solo eligen 5 representes para su claustro. A esto vale agregarle que los trabajadores no docentes no cuentan con voto, dentro de la propia universidad donde desempeñan sus tareas.

De aquí parte el reclamo del movimiento estudiantil que incluye claustro único docente, donde también puedan ser parte del mismo los auxiliares, y ad honorem, que son quienes sostienen día a día la universidad, y voz y voto para los no docentes. Por otro lado también se reclama una mayor representación para el claustro estudiantil.

Esta denuncia sobre el carácter antidemocrático de la Universidad, se suma al llamado avance de la mercantilización de la educación pública, con mayor fuerza en otras facultades, como Económicas que en otras. Este avance del mercado sobre la Universidad permitió por ejemplo que los laboratorios tengan gran incidencia en la Facultad de Medicina, que un banco como el Santander Rio tengo una sucursal dentro de la Facultad de Económicas, o la constancia de pasantías truchas a lo largo y ancho de toda la UBA. Todo esto bajo la máscara de generar “recursos propios”. Desde el movimiento estudiantil sostienen que el flamante rector viene a profundizar estas políticas.

La UBA vuelve a encontrarse una vez más atrapada dentro de los intereses que mueve una minoría, que decide sobre una población universitaria de 300 mil personas. Esta minoría que teje alianzas difíciles de concebir fuera de la universidad, donde sectores que responden al Coti Nosiglia (UCR), al peronismo, al socialismo, y al PRO, se encuentran juntos para sostener un gobierno que de democrático tiene poco.