¿Una Córdoba más segura? Tal vez con más poesía y menos policía (*)

 

Por Mariano Pacheco / Foto por Colectivo Manifiesto

Una ciudad se policializa. Vecinos “bien” reclaman seguridad. Abogados y Movimientos Sociales denuncian atropellos. Y un cineasta filma una película donde muchachos y chicas estigmatizados reclaman “más poesía” y “menos policía”.

 

Como su par bonaerense Daniel Scioli, también el gobernador de Córdoba, José Manuel De la Sota, coloca al par temático seguridad-inseguridad como problema, y a la vez, como eje de campaña. Con muchas menos chances que el primero, en su camino hacia la presidencia de la Nación, el segundo no deja, de todos modos, de poner las necesidades de la provincia por detrás de sus intereses personales (sus afanes electorales). Luego de la crisis institucional (la “rebelión policial” de diciembre de 2013), que amenazó con poner en jaque su poder, construido a lo largo de una década y media, el dirigente del peronismo conservador busca disputar una base electoral volcada profundamente hacia a la derecha. Convicción+oportunismo+coincidencia con las empresas periodísticas dominantes (esos medios –de comunicación– que no dejan de promover los miedos –sociales–, que derivan en autoencierro y estigmatización del otro, del diferente).

La demagogia punitiva parece ser el plato fuerte de las políticas a través de las cuales algunos funcionarios-candidatos buscan conquistar mayor visibilidad pública. Más alarmas, más cámaras de seguridad, más comisarías, más patrulleros, más policías… Así como el jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri –también candidato a presidente– hizo de la Ciudad de Buenos Aires un gran “reality show” –hay cámaras por todos lados– o el otro presidenciable, Sergio Massa, hizo lo suyo en el partido bonaerense de Tigre, el señor DLS (“El Hombre”, como se hace llamar), aprovecha ciertos “reclamos sociales” –remiseros, taxistas, colectiveros, comerciantes– de mayor seguridad para policializar la capital provincial. Así lo expresaron tanto el gobernador como el propio jefe de policía, Julio César Suárez, cuando afirmaron que el programa “Córdoba Más Segura” sumará 1.700 efectivos, 1.000 cámaras y otros tantos nuevos patrulleros, en la búsqueda por profundizar una política que ya lleva más de un año de desarrollo: la de “saturación” policial del territorio urbano. Ojo: por más “cordobesismo” que se promueva, algo similar se resalta, como emblema, también en la gestión Scioli. En abril pasado, la Provincia de Buenos Aires anunció la puesta en marcha de la primera policía local del país, en la localidad de Ezeiza, duplicado la cantidad de efectivos del lugar. Serán 53 los municipios que tendrán su policía local, según destacó el “sheriff” Alejandro Granados, Ministro de Seguridad bonaerense.

En los pagos de Agustín Tosco, durante el mes de mayo, la situación que se vivió en algunos barrios se asemejó a la de un “Estado de sitio”, según denunció la Coordinadora Antirepresiva de Córdoba. Las irregularidades de las razias policiales han sido tales que, incluso, algunos jueces ya han aceptado los Habeas Corpus preventivos presentados por abogados contra los operativos de saturación, invocando el artículo 43 de la Constitución Nacional, planteando que los habitantes de los “territorio ocupados” ven “amenazada su libertad ambulatoria”.

El miércoles 3 de junio, a horas de cerrarse esta nota, el director de cine Sergio Schmucler presentará en la Universidad Nacional de Córdoba su último film: “Guachos de la calle. Memoria del desarraigo”. Película que eligió filmar para dar cuenta de los devenires biográficos de Mía y Jésica González, Ricardo Romero, Nicolás y Jhony Díaz, los integrantes de “Rimando Entre Versos”, la banda de rap que simultáneamente presentará “Pura realidad”, su segundo disco. Esos muchachos y esas chicas que, durante la última “Marcha de la gorra”, en noviembre pasado, avanzaban por las calles de la ciudad, con un parlante conectado a una camionera, cantando “Más poesía, menos policía”.

Como una parábola del destino, durante los meses en que se desarrolló el proyecto, los integrantes del grupo terminaron tras las rejas, sin causa, en tres oportunidades. Y otras dos padecieron  allanamientos ilegales. Déjeme terminar, estimado lector. Ya sé qué usted sabe, pero debo escribirlo de todos modos: los procedimientos se desarrollaron esgrimiendo el mentado Código de Faltas.

 

*Nota publicada en el periódico mensual Me contó el Viejo Antonio (junio de 2015), elaborada por la Biblioteca Popular y Centro Cultural “Somos Viento”, localidad de San Francisco, provincia de Córdoba (Argentina).