Una historia que se repite

Por Bernabé Ferreyra

“La historia se repite. Ese es uno de los errores de la historia” decía Charles Darwin; “Siempre se repite la misma historia: cada individuo no piensa más que en sí mismo” decía Sófocles; “La historia no se repite, pero rima” decía Mark Twain; “¿La historia se repite? ¿O se repite solo como penitencia de quienes son incapaces de escucharla?” Se preguntaba Eduardo Galeano. La historia repite una y otra vez, y la política siempre en algún momento gira a la derecha.

Es un día triste, negro y el más frío de este, hasta ahora, invierno primaveral. La política opera y no duerme. Antes de ayer Daniel Scioli, ahora el único precandidato presidencial del Frente Para la Victoria (FPV) anunció que invitó Carlos Zannini a compartir su fórmula. Invitación que el Chino aceptó luego de hablar con la presidenta. Si resultan victoriosos, Zannini presidirá el Senado de la Nación, será el vínculo con el Poder Legislativo y, ante la ausencia, incapacidad, muerte o renuncia del primer mandatario, ocupará su lugar. Esto quizá es lo que convenció a Cristina de darle la bendición total y única al Motonauta. Lista única con alguien de su círculo ultra k y así convencer al movimiento kirchnerista que mira de reojo a Scioli de que la continuidad está asegurada. Una perfecta decisión contradictoria según desde donde se mire. Por más presión que Zannini pueda generar como vice. Por más operador que sea, por más de mesa chica y generador de listas que sea. Por más diferencias que tenga con Scioli o Boudou, la división de poderes en este país y este gobierno en particular, no existe.

La estratega movió fichas con su círculo cercano y alguien de su plena confianza será quien opere en la presidencia del Daniel Scioli. Esto es producto de no saber y no poder construir un candidato fuerte que asegure o intente continuar el proceso de transformación, que con aciertos gigantes y también errores groseros, este gobierno inició en 2003 con Néstor Kirchner. Esto es producto del miedo a perder en las PASO por la polarización de los votos generados por presentarse con dos candidatos. Un triunfo de Macri en las primarias traccionaría votos de los indecisos. Un ganador siempre gana votos después de las PASO. Por eso la decisión de ir con una sola lista. Poner toda la carne al asador y así ganar en primera vuelta en octubre. En este contexto aparece la justificación de muchos a la hora de defender la movida ajedrecística de Cristina. Pero lejos quedó el discurso de la mandataria pidiendo que no se cuelguen de ella y compitan en las PASO. Así, en este momento dejaron a la militancia sin opción. Y por más polarización que pudiese haber en agosto, dejar que se midan en las paso era lo correcto.

Una oferta insuficiente

La decisión sorprendió a propios y extraños. Florencio Randazzo fue citado rápidamente al otro día a la quinta de Olivos donde estuvo un poco más de dos horas y salió con una propuesta en la mano: ir con lista única como precandidato a Gobernador de la Provincia de Buenos Aires con el Secretario General de la presidencia, Wado De Predo, acompañándolo.

“Llegué con vos y me iré con vos de la Casa Rosada. Sin dejar mis convicciones en la puerta de la misma. Y, vos sabés, eso no tiene precio. Así nos enseñó Néstor”. Con estas palabras Randazzo rechazó la oferta de ir por la provincia, pero aseguró mantener su apoyo incondicional al espacio del cual es parte y ratificó su continuidad al mando del Ministerio de Interior y Transporte hasta diciembre.

La carta enviada a la presidenta tuvo repercusiones de todo tipo. Desde la oposición, Macri y compañía se alegraron por su coherencia. Desde el randazzismo pedían que el ministro fuera a provincia, porque era una oportunidad para no quedarse fuera del campo político. Pero ya era tarde. Los modos del chivilcoyano y sus frecuentes discursos antisciolistas no fueron los correctos.

Perón siempre decía que adentro el peronismo era una bolsa de gatos pero a fuera siempre había que mostrar unidad. Y lamentablemente es así. No hay que criticar – o por lo menos yo no la hago – la decisión del Ministro del Interior y Transporte de bajarse de su candidatura. Como puso en su carta, el no quiere dejar sus convicciones. Y está bien. Pero quizá, con algo más de cintura hoy podría competir en provincia. Y ese no es un puesto menor. Porque siendo presidente habría que gobernar para cuarenta millones de personas, pero las 16 millones que ha en la provincia, respresentan el cuarenta por ciento de la población. Algo necesario para reivindicar la política social que tanto necesita Buenos Aires.

Tampoco había garantías de que realmente con su gestión se produciría una inyección social en la provincia, pero seguro que quienes tenían una oportunidad ahora ya no. Si su sobreactuación de continuidad y profundización era real, tenía la oportunidad de transformar postivamente al mayor distrito del país de algo vacío y agobiado por treinta años de pejotismo. Pero movió mal sus fichas, y a diferencia del eterno conciliador Daniel Scioli, hoy se queda sin nada. Su apoyo sigue siendo incondicional al espacio pero desde afuera, donde nada se puede construir. Y por los precandidatos que asoman para gobernar la Buenos Aires, parece ser que continuara igual de vacía.

¿Y a Zannini quien lo conoce?

El chino no posee conocimiento popular. Es cordobés. Abogado. Participó de una agrupación maoísta en su juventud llamada Vanguardia Comunista. Estuvo cuatro años encarcelado por la última dictadura militar. Cuando recuperó la libertad, continuó el exilio interno en el sur, donde conoció a Cristina Fernandez y a Nestor Kirchner, para luego iniciarse en la militancia justicialista. Se dedicó a la política como profesión de tiempo completo y recorrió casi treinta años de trabajo en el equipo del matrimonio. Fue Secretario de Gobierno en la Municipalidad de Río Gallegos, ministro de Gobierno de Santa Cruz, diputado provincial y, en 1999, presidente del Superior Tribunal de Justicia de la provincia. Desde el año 2003 es secretario Legal y Técnico de la Presidencia. Arquitecto de todas las normas y decisiones administrativas que la máxima jefatura del país emite, comunica en el Boletín Oficial y aplica.

Este es Zaninni. Alguien que según se cree puede despertar lo que Scioli no consiguió conseguir en doce años junto al Kirchnerismo: emoción militante y continuidad (algo de lo que también tenía Randazzo).

Pero ahora la militancia kirchnerista férrea tiene pocas opciones: o se encolumna a su líder política como ella pide – como ya hizo en un giro rápido la mayoría de los intelectuales de Carta Abierta (ayer Ricardo Forster compartió un acto con Karina Rabolini y dijo que más de uno se va a sorprender con Scioli) – o pasa a cuarteles de invierno esperando la posibilidad de ser gobierno nuevamente.

Lo cierto es que si Cristina tuvo que darle la bendición a Scioli y tratar de convencer a la militancia de que es el único camino, como hizo Perón en el 74. La movida estratégica no parece tener buen puerto. La historia, parece, nos tiene el mismo destino: La derecha.