Una negritud imposible de apagar

Por Clarisa Busemi

El 3 de diciembre se estrenó en el Cine Goumont “Soy Tambor”, un documental sobre la comunidad candombera afrouruguaya instalada en Buenos Aires desde hace cuatro décadas. Tras el estreno, Marcha dialogó con dos de sus directoras, Mónica Simoncini y Cecilia Ruiz.

“Soy Tambor” es el documental que refleja lo ancestral y vigente de prácticas culturales como el candombe de la comunidad afrouruguaya instalada en la Ciudad de Buenos Aires hace 40 años. También aborda el legado de las nuevas generaciones y lo que hay detrás de tanta energía y resistencia. Dirigido por Mónica Simoncini, Cecilia Ruiz y Santiago Masip, el largometraje se estrenó el 3 de diciembre en el Cine Gaumont.

“El tambor para el negro es como un consuelo por todas las cosas que le faltan”, dice una de las artistas entrevistadas para “Soy tambor”. La cineasta Mónica Simoncini y la socióloga Cecilia Ruiz, dos de sus directoras, se conocieron practicando una disciplina en el Movimiento Afrocultural de San Telmo en 2011. A partir de allí empezaron a unir los conocimientos para hacer una película como “resultado del acompañamiento de una lucha de una comunidad que siempre recibió violencia y maltrato”.  

¿Por qué la decisión de investigar puntualmente la identidad afrouruguaya y no otras ramas de las descendencias afro?

Mónica Simoncini: De la variedad de movimientos que hay, el más popular, el más grande y el que aglutina a más jóvenes y pibes es este. Los otros son más a nivel institucional, no es por desmerecerlos, pero se caracterizan por ser pocas personas que manejan mejor el ambiente de gestionar algo, pero no son numerosas.

Cecilia Ruiz: Nuestra primera línea de investigación fue enfocarnos en cómo era la historia de las salidas tradicionales candomberas (de las llamadas) de acá. Esta comunidad afrouruguaya es un aporte muy grande a la visibilización de la cultura afroargentina. No lo hicieron de manera académica o intelectual, pero sí poniendo el cuerpo en la calle a tocar el tambor. Eso impulsó a las demás comunidades a institucionalizarse y visibilizarse, con otros recursos y otras problemáticas, pero fueron punto de lanza en ese aspecto.

¿Cómo creen que hicieron para mantener su identidad a pesar de los intentos por desaparecerla?

M.S: Trataron de mantener las salidas tradicionales como un punto de encuentro, un momento en que la gente se reconoce como parte de la comunidad y ese día se junta a tocar en la calle. Pero después no tienen un aparato armado para difundir su cultura cómodamente.

C.R: La identidad afro se está conversando al mismo tiempo que las cosas pasan, no es que está asumida al interior de la comunidad como una herramienta política. Queríamos mostrar qué hay atrás de la manifestación cultural en sí, cómo es esa comunidad, cuáles son sus diferencias, sus acuerdos de identidad. Por eso hablamos de producir conocimiento, porque con esto de las salidas tradicionales se fue reflexionando en torno a la esclavitud y un montón de cosas muy profundas e importantes sobre lo que llamamos cultura argentina. Se están dando procesos de conciencia muy latentes.

A pesar de que a ustedes las conocían desde antes, ¿el Movimiento fue reticente a abrirse para el rodaje de la película?

M.S: Cuando íbamos a buscar a las personas mayores a la comunidad, a pesar de que nos veían siempre en las actividades del Movimiento, no aceptaban darnos la entrevista para reflexionar sobre su propia cultura. Se ubicaban en el rol de músico, porque nunca los fueron a entrevistar para escucharlos de verdad. Siempre tocaron por dos mangos y a la espera de la devolución de un favor. Muchas veces me sorprendían la cantidad de antropólogos y cineastas de todo el mundo que venían a investigarlos, y siempre la comunidad tenía la mejor predisposición de abrirse y mostrarle todo. A veces no vi mal que ellos se cerraran un poco, porque nunca más volvían a ver resultados de esas investigaciones, ni videos de lo que habían grabado. Se los investigaba con poco respeto.

C.R: Es un tema que está de moda para ser investigado, también por políticas internacionales. Ahora es el decenio (internacional hasta el 2024) de los afrodescendientes, en el 2012 fue el año mundial de ellos. Todo eso impulsa la investigación en un sentido. Aprovechamos el documental para ordenar un montón de información producida de todas esas personas que no se sabe qué hacen con ese material.

¿Qué significó viajar al interior profundo de lo afrouruguayo para hacer este trabajo fílmico?

C.R. Para nosotras son experiencias muy importantes, como cuando se te rompe un esquema en la cabeza. Hay que quedarse con lo que a uno lo incomoda para que se te abra un caminito nuevo en los pensamientos. Quedarse, permanecer y trascender.

M.S: Nuestro objetivo era un material que quedara para que la comunidad reflexionara hacia adentro. También para el que conoce al candombe solo por los brillos, sepa que hay un trasfondo, que no le tire agua cuando ven los tambores, o le mande la policía porque están haciendo ruidos molestos.