Ni una olla menos: testimonios de mujeres de comedores comunitarios

Por Mauricio Polchi @maurielbueno / Foto por Vero Canino

Laura, Martu, Norma, Flavia y Vanesa nos dan sus testimonios, con nombre propio y cuerpo presente ya que están al frente de comedores comunitarios en sus barrios. Advierten que por el ajuste y la ola de despidos aumentó la cantidad de familias que asisten a esos espacios.

La feminización de la pobreza asoma como nuevo paradigma y realidad; un concepto que los feminismos utilizan para evidenciar de forma global, sin analizar indicadores particulares, el creciente empobrecimiento material de las mujeres, el empeoramiento de sus condiciones de vida y la vulneración de sus derechos fundamentales.

La precarización laboral y los despidos no afectan solo a los varones sino que es violencia que recae de forma coyuntural y específica sobre las mujeres de los sectores populares. Y los niños y las niñas. A un día de la masiva movilización que reclamará “ni una menos”, urge poner atención sobre los hechos cotidianos de la feminización de la pobreza. Porque llenar la olla y que no falte ni una más también es un reclamo urgente hacia los Estados y los gobiernos.

Flavia y Vanesa

En una pared de la calle Cayastá al 3300, en el corazón de la Villa Zabaleta, alguna mano anónima dibujó a la Virgen de Luján y a la Virgen de Caacupé. Junto a ellas, El Cristo Villero, con los brazos en alto y los dedos en “V”, pisa a una serpiente en una clara señal de confrontación contra el mal. Frente a ese mural, cada día y desde muy temprano, un grupo de mujeres prepara unas ollas inmensas para compartir la comida con cientos de personas que viven en el asentamiento más grande de la Ciudad de Buenos Aires. Todo ocurre en uno de los tantos locales que ha construido el Frente Popular Darío Santillán, donde Vanesa y Flavia, cuentan la realidad.

-¿Hace cuanto funciona este espacio?

Vanesa: Acá estamos desde hace más de 10 años. Y actualmente vienen más de 160 compañeros. En este último tiempo notamos que cada semana se va incrementando.

Flavia: Y hay muchos vecinos que se quedaron desocupados. No tienen trabajo. Por ejemplo hacían changas de albañil, en la construcción. Y eso se paró todo. Entonces ahora mandan a sus hijos al comedor.

-¿Los afectaron la suba de precios, el tarifazo?

Flavia: Si, claro.

-¿Y eso lo ven acá?

Vanesa: Y, por la necesidad, vienen los chicos. El sueldo ya no les alcanza como antes.

-¿Y ustedes ven eso a partir del nuevo gobierno?

Y si, desde el verano.

-¿Y se abren más comedores?

Vanesa: No, por ahora no. Al contrario, porque no están bajando más bolsones de comida, entonces no se pueden abrir otros.

Norma

Norma, que empezó a militar en el 2001 por una cuestión de necesidad, estuvo en la Estación de Avellaneda cuando fusilaron a Maximiano Kosteki y Darío Santillán. Ella participó de la protesta del 26 de junio de 2002 que terminó con la vida de los militantes en la denominada Masacre de Puente Pueyrredón. Ahora ya es madre de tres hijos, y con el tiempo se convirtió en referente de la agrupación “Barrios de Pie” en la zona sur.

El pasado 31 de mayo volvió al Puente, en el marco de una jornada de protesta que consistió en el bloquear distintos accesos a la Capital Federal. La medida de fuerza fue para reclamar que el gobierno bonaerense de María Eugenia Vidal entregue los alimentos que necesitan los 400 comedores populares que tiene esa organización en diferentes zonas del conurbano.

-¿El motivo del corte en Puente Pueyrredón?

Queremos denunciar el accionar de este gobierno de Buenos Aires para nuestros comedores comunitarios. A nosotras hace meses que nos están mandando desde el Ministerio de Desarrollo de la Nación, las sobras de las fiestas de fin de año. Nos mandan turrones, garrapiñadas, pasas de uva. ¿Cómo quieren que así le armemos un plato de sopa caliente a nuestros pibes?

-¿Cuántos comedores coordinan en la zona sur del conurbano?

En Avellaneda tenemos 25 comedores. En Villa Inflamable, Villa Tranquila, Isla Maciel, y Villa Corina. O sea, con los sectores que están a la rivera del Riachuelo.

-¿Se incrementó la cantidad de pibes en este último tiempo?

Lamentablemente, si. Con las últimas medidas de ajuste que hizo este gobierno. Antes venían niños a nuestro comedor y ahora viene toda la familia completa. Y con esta grave situación nos resulta imposible contenerlos si no nos envían la comida que necesitamos. Por eso exigimos que el gobierno se haga cargo, porque el nivel de pobreza está aumentando.

Martu

Martina, o “Martu”, es una histórica referente del Movimiento de Trabajadores de Desocupados de Lanús, de la Corriente Aníbal Verón. Ella está al frente de un comedor comunitario desde hace 16 años. En la actualidad, asisten 500 personas.

-¿Cuál es la situación ahora?

Y, no están bajando la comida como corresponde. Y son 500 chicos que tiene que comer todos los días. Y no siempre nos mandan carne cuando corresponde. Hay mucha necesidad y nos cuesta.

-¿Está igual o empeoró la situación con el nuevo gobierno?

Se complicó. Ahora vienen más pibes.

-¿En solo seis meses?

Y aumentó todo, y en algunas casas se quedaron sin trabajo. Estoy viendo cosas que veía en el ´99. Tenemos que salir por el barrio a pedir para que nos donen mercadería los vecinos.

-¿Vos nos sos kirchnerista y lo que decís es por ningún signo político?

No, nada que ver. Yo soy colaboradora de los chicos y veo la necesidad de la gente del barrio.

Laura

Laura coordina un comedor popular en González en Catán, en el Arroyo las Víboras, en las profundidades de La Matanza. Ahí, es todo calle de tierra. Su hija mayor, la acompaña en la actividad militante.

-¿Qué hacen ustedes?

Hacemos comida, con lo que nos baja el gobierno. Pero no alcanza, entonces nos dona la carnicería, o alguien nos trae mercadería. Armamos un almuerzo un día, y una cena al otro. Y después funciona el merendero todas las tardes.

-¿Con cuántos chicos y chicas trabajan?

Teníamos 60 pibes. Y ahora ya tenemos 100 chicos

-¿Cuándo le daban de comer a 60 niños y niñas?

Y en el arranque del año. Y ahora todo se complicó, algunos padres de quedaron sin trabajo. Y entonces sus hijos ahora vienen a comer con nosotros. O vecinos que venían, y ahora se acercan. No les queda otr