Vení 2017: ante la guerra machista, poder feminista y popular

Por Camila Parodi y Laura Salomé Canteros / Foto: Mariano Bruno

Sin límites ni fronteras, 2016 es el año en que pareciera consolidarse el poder, la masividad y presencia política del movimiento de mujeres, feminista y LGTTB como integrante de los sectores populares en las calles. Una retrospectiva para Argentina y Nuestra América.

En Argentina, ante un gobierno empresarial y el avance del neomachismo social, asamblea y praxis feminista. 2016 será el período histórico en que el empoderamiento y el apoderamiento colectivo de las mujeres generaron la apertura de la lucha y las solidaridades para denunciar puño en alto y al frente de toda movilización los despidos en las empresas y las dependencias estatales, la persecución y criminalización de los y las luchadoras, la precarización de la vida y la feminización de la pobreza y su inmediata consecuencia: el alejamiento progresivo de las mujeres (y sus demandas) de la política hegemónica.

En Nuestra América, la derecha avanzó y ninguna mujer retrocedió. 2016 en el análisis histórico y geopolítico será un año de establecimiento de la derecha neoliberal, extractivista y conservadora sobre los cuerpos y los territorios. El contexto trajo aparejado la persecución, el control y la criminalización de quienes defendieron sus soberanías. Asesinatos y atentados contra defensoras y defensores de la tierra en Centroamérica, Golpe de Estado contra una Presidenta en Brasil, ´no´al plebiscito por la paz en Colombia, crisis económica e intento de golpe en Venezuela, fueron algunos sucesos que necesariamente conllevaron nuevas estrategias y acciones de lucha y resistencia. Porque a la hora de hablar de libertad, autonomía o derechos de las mujeres, todos los contextos socio históricos son hostiles, pero éste ha sido un mapa político regional que ha complejizado aún más sus realidades.

Por eso, 2016 fue el año de las que no se callaron más en muchos espacios. El período de las que emprendieron titánicas discusiones sobre por qué una articulación combativa incluyó en su Comisión Directiva a un varón denunciado por violencias, y de las jóvenes -que a través de sus medios de comunicación, las redes sociales- señalaron el abuso sexual infantil y la cultura de la violación en el ambiente del periodismo y el rock rompiendo con la normalidad heteropatriarcal del abuso de poder sobre los cuerpos y las subjetividades. Acompañando de esa forma un movimiento que interpeló todos y cada uno de los espacios exigiendo nuestra parte en el banquete de la vida y que dejen de violentarnos porque no somos víctimas, somos sujetas de derechos.

Sin Diana, sin Lohana, sin Berta: dolor, reflexión y resistencias

Enero y 22 años de un silencioso irrumpir de la revolución zapatista y la lucha de las mujeres indígenas en México. Un año de uso y costumbre de “la noticia del like”, los medios populares en las herramientas de los machos, blancos, burgueses comunicaron sin cesar el femicidio de cada día. Difícil no pensar que la destrucción de la Ley de SCA se llevó además de la capacidad de análisis, la sensibilización y las iniciativas en los medios públicos y empresas sobre la violencia machista en su modalidad mediática. A la par de los despidos y el desfinanciamiento estatal que ya asomaban, la pérdida de legitimidad de los organismos e instituciones gerenciadas por las y los funcionarios de Mauricio Macri en representación de la derecha, no fueron excepción con el Consejo Nacional de las Mujeres, también cuestionado fuertemente durante los 12 años de kirchnerismo. Y así lo hicieron saber algunas integrantes de los feminismos populares que siguieron de cerca la promesa de Fabiana Tuñez de construir un espacio de “puertas abiertas” al movimiento.

El 5 de febrero falleció Lohana Berkins, referente indiscutida de los movimientos de desobediencia sexual, y el mundo pareció temblar a nuestros pies. Sumándose al temblor de cuando se conoció el travesticidio de Diana Sacayán, en octubre de 2015. Dos amigas, compañeras, referentes indiscutidas e imprescindibles de la lucha por los derechos de las travestis, feministas abolicionistas y rabiosamente anticapitalistas se fueron a cantar contra el patriarcado y la Conferencia Episcopal a otros lados. “Estoy convencida de que el motor de cambio es el amor. El amor que nos negaron es nuestro impulso para cambiar el mundo. Todos los golpes y el desprecio que sufrí no se comparan con el amor infinito que me rodea en estos momentos. Furia Travesti Siempre”, (nos) dijo en la última carta compartida. Ella nos enseñó la alegría y algo que sostuvimos durante todo el año y que nos debemos como prerrogativa: que la batalla es en todos lados y al mismo tiempo.

Son sacrificables los cuerpos de las pobres, indígenas, campesinas, de las luchadoras que se anteponen a los modelos de violencias, saqueo y explotación. Son las mujeres de Nuestra América el sujeto social más vulnerado, pero a la vez el más organizado y con conciencia de lucha. El 3 de marzo fue asesinada Berta Cáceres Flores, lideresa hondureña, quien junto a su organización, COPINH, hace frente a las empresas trasnacionales que arrasan y saquean nuestros territorios cuerpos. Su partida física fue multiplicada como ejemplo de resistencia y lucha a la par de que continúa, incansable, la búsqueda de sus familiares y compañerxs que exigen justicia verdadera ya que la persecución y criminalización de las defensoras se ha convertido en un accionar sistemático de control y disciplinamiento en el continente. Luego sucedió con Máxima Acuña en Cajamarca, Perú, y con Aura Lolita Chávez, en Guatemala.

Venezuela resistió al permanente golpe que pretenden imponer. La guerra económica que implica el desabastecimiento intencional de los bienes básicos para la vida digna atenta directamente contra las vidas de las mujeres, columna vertebral de la Revolución, y quienes responden día a día con más organización. “La idea es sacarnos del espacio de participación política que nos dio la revolución bolivariana, de una sociedad donde quepamos todas, las negras, las indias, las campesinas”, dijeron. Y construyendo feminismo popular resisten. Mientras que en Perú, un nuevo gobierno se instaló en el territorio en el triunfo de Pablo Kuczynski ante Keiko Fujimori consolidando políticas conservadoras para el pueblo y un contexto adverso para los derechos de las mujeres y las personas del colectivo LGTTB.

Fines de febrero (ya) encontró a las mujeres trabajadoras -históricamente explotadas por el capitalismo heteropatriarcal-,y organizadas en las calles, participando del paro convocado por una de las Centrales obreras y marchando contra la represión que pretende imponer a la sociedad el sentido común de que la protesta, exigencia y defensa de los derechos es delito. Y fue protagonista de la “gesta” de la Colectiva Lohana Berkins. Y luego, un 8 de marzo, de un mar de brujas que movilizaron por el derecho a una vida sin violencias machistas y llena de libertades, seguras de que sin organización el ideal feminista no será posible.

Fue el año en que se bramó -en las calles y en las redes– por #LibertadParaBelén en Tucumán, una joven víctima de un aborto espontáneo, denunciada por integrantes del sistema médico y policial, y condenada por “homicidio doblemente agravado por el vínculo y alevosía” y por quien se espera su absolución; y #JusticiaPorJuana en Salta, provincia donde acciones, omisiones, declaraciones y silencios de funcionarios de Estado e integrantes del poder judicial evidenciaron un escándalo político en detrimento de los derechos de una niña que fue violentada no solo sexualmente.

Junio ardió rojo (y violeta). Las múltiples violencias sobre los cuerpos, las historias de vulneraciones de derechos que se sucedieron y la organización de un movimiento que hace posible más de 30 años de Encuentros Nacionales de Mujeres, generaron un nuevo estallido feminista el 3 de junio reclamando que “vivas y libres nos queremos”. Y este año sí se afirmó con fuerza que decir “ni una menos” es el producto de muchos años de debate feminista.

Porque en las calles, en las plazas, en las casas, en las camas, empoderadas, interpelando a los varones, ¿por qué no? y para la juventud dijimos “ni una olla menos”, y que no queremos presas por protestar como Milagro Sala. Mientras, el 19 de junio se cumplía un año de la desaparición de Diana Colman en el sur del conurbano. Y en un mundo conmovido por la Masacre de Orlando, en Estados Unidos, el 28 y recordando la Revuelta de Stonewall salió a la calle la furia travesti para protagonizar en Argentina, la primera marcha nacional contra los travesticidios, reclamando al Estado, justicia por Diana Sacayán y el cambio cultural que termine con el homolesbotransodio.

 

Segundo semestre: de la guerra femicida a la libertad de Reina

La segunda mitad del año fue de resistencia organizada ante la guerra machista/ femicida. Entre el 1 de enero y el 20 de noviembre de 2016, según el relevamiento en medios digitales de MuMaLá, se registraron 271 femicidios en Argentina (12 femicidios vinculados de mujeres y niñas y 26 femicidios vinculados de hombres y niños), y 8 travesticidios. O sea, la violencia en manos de machos que la ejercen para preservar su lugar de poder y privilegios dentro de la sociedad, se lleva la vida de una mujer cada 30 horas.

Julio nos mantuvo alerta por las desapariciones de niñas en el Bajo Flores poniendo en evidencia, desde el relato territorial, que desde septiembre de 2015 fueron al menos 15 las historias de secuestros y acoso sexual de parte de varones violentos sobre niñas en el barrio y que en la villa 1-11-14 las y los vecinos sospechan de una red de explotación sexual.

En agosto se concretó un Golpe de Estado anunciado contra Dilma Rousseff y otras batallas se dieron en la región: la defensa de la democracia y los derechos básicos logrados por la lucha de las mujeres. El Golpe y el gobierno ilegítimo de Michel Temer, sostenidos en base a discursos machistas y racistas, calificados por las feministas brasileñas como un “femicidio simbólico”, eliminó ministerios claves, de la Mujer, Igualdad Racial y Derechos Humanos, instaurando un gabinete ministerial compuesto por todos varones. En ese contexto, las feministas organizadas sostuvieron la resistencia en las calles.

Septiembre es mes de lucha por el derecho al aborto, un reconocimiento histórico negado por el Estado y los gobiernos a las mujeres y otras personas con capacidad gestante y que en Argentina es reclamado con masividad y potencia por una Campaña Nacional que tiene 11 años y una sociedad dispuesta a respetar la libre decisión sobre los cuerpos. Bajo este gobierno, reflexionar ante la necesidad de una ley de interrupción voluntaria de los embarazos fue necesaria. Como también la exigencia de la implementación de la Ley Nacional de Educación Sexual Integral y reclamar por los Derechos Sexuales en la “era Macri”. Fue el mes en el que además se cumplió un año de lucha por la implementación de la Ley de Cupo laboral travesti trans “Diana Sacayán”, referente asesinada en 2015 quien dijo que esta iniciativa es “una respuesta al discurso sobre la prostitución como trabajo”.

Octubre fue rojo (y negro). La represión de integrantes de al menos tres fuerzas a las 120 mil mujeres luchadoras que marchaban en el cierre del XXI Encuentro Nacional de Mujeres (ENM) frente a la Catedral de Rosario fue clara evidencia que el movimiento en su conjunto molesta y resquebraja con sus demandas al Estado, sus instituciones y funcionarios/as que constituyen y perpetúan el sistema de distribución de poderes de una sociedad machista y heteropatriarcal. El dolor por el odio con que torturaron y asesinaron a Lucía Pérez en Mar del Plata se transformó en multitudinario y nos obligó a salir a las calles nuevamente, vestidas de negro a protagonizar, a pesar de los usos y costumbres hegemónicas que nos quieren víctimas o consumidoras, el 19 de octubre el primer paro nacional de mujeres, en la consigna “Si nuestras vidas no valen, ¡produzcan sin nosotras!”. La violencia machista durante este mes llegó a su expresión máxima y se registró un femicidio cada 20 horas.

En Nuestra América las resistencias se tejieron entre las mujeres de los feminismos comunitarios, populares, socialistas o campesinos quienes encontraron en las otras las luchas por la soberanía y libertad de los cuerpos territorios para la vida digna de los pueblos. Las iniciativas de acción regional como el ´nosotras paramos´ se manifestaron con cada particularidad territorial en decir basta de violencias machistas anticipando que ¡América Latina va a ser toda feminista! Como en México donde hubo aullidos contra los asesinos machos burgueses y en Chile, donde la sororidad también tomó las calles.

2016 tuvo el relato de una disidente siempre política Marcha del Orgullo y puso en agenda social la necesidad de sensibilizar sobre el odio por la identidad y la sexualidad disidentes. En agosto se clamó por el esclarecimiento del travesticidio de Laura Moyano en Córdoba; en septiembre se repudió la persecución sobre el colectivo travesti trans en la zona roja de La Plata; en octubre se exigió “justicia por Celeste” en Tucumán, violentada por la policía y el poder judicial; y en noviembre se realizó el primer gritazo trava/ trans latinoamericano para luchar contra los travesticidios, sean producto de la violencia machista o de la indiferencia social.

Mientras seguíamos aprendiendo herramientas para multiplicar nuestras voces, gritamos poderosas que el 25 de noviembre es historia feminista para toda la sociedad. Y reflexionamos sobre el trabajo, en Argentina y en Nuestra América, reclamando que sin paridad sindical no estaremos representadas. Y afirmamos que la Economía Feminista llegó para quedarse.

El último día de noviembre se conoció una sentencia histórica en el primer juicio en el que Alika Kinan, sobreviviente de una red de explotación sexual en Tierra del Fuego fue querellante contra el Estado municipal de Ushuaia y sus proxenetas. Y el poder judicial oyó a las víctimas y reconoció que hubo delitos condenandolos.

2016 terminó con organización feminista ante los femicidios en el conurbano oeste y gritando que en Córdoba hay una mujer presa por un delito que no cometió, Dayana Gorosito; y recordando los 4 años de impunidad por el asesinato de la “la China” Cuellar en el grito de “ni una menos” también para las privadas de su libertad.

Pero a un año de mucho dolor se sumaron al menos tres triunfos que nos mantienen agazapadas esperando el 2017: la detención de Alejandro Fernández, presunto femicida de Lulú, la niña de Yanina González; el apresamiento de Cristian Aldana, cantante de El Otro Yo, tras las denuncias por violencia sexual, física y psicológica de parte de ex parejas; y la liberación y absolución de Reina Maraz, una victoria para las oprimidas tras años de lucha de los feminismos populares que seguirán caminando ¡hasta que todas seamos libres!

 

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