Yo soy parte de todos

Yo soy parte de todos

Luego de más de cuatro años en estado de coma, ayer falleció el ex líder de Soda Stereo Gustavo Cerati. Con 55 años, se fue uno de los íconos contemporáneos más importantes de la historia de nuestro rock. Miles de personas despidieron anoche sus restos en la Legislatura porteña.

El músico argentino y ex líder de la emblemática banda de rock Soda Stereo, Gustavo Cerati, falleció durante la mañana de ayer a los 55 años debido a un paro cardio-respiratorio mientras permanecía internado en la clínica Alcla.

Cerati llevaba en estado de coma más de cuatro años, desde aquella fatídica madrugada del 16 de mayo de 2010 en la cual, luego de un recital brindado en el estadio de fútbol de la Universidad Simón Bolívar de Venezuela, sufrió una isquemia cerebral que derivó en un ACV.

Su partida era la obvia salida de su cuadro, que no dejaba prácticamente ninguna posibilidad para algún tipo de recuperación. Sin embargo, la noticia conmocionó al ambiente musical del mundo entero, y en particular al argentino y al latinoamericano. No es para menos. Cerati fue uno de los referentes más importantes de nuestro rock, líder de una de las bandas que quedará por siempre en la historia cultural argentina, y uno de los mayores íconos musicales del país desde al advenimiento de la democracia hasta la actualidad.

Nacido el 11 de agosto de 1959 en la Ciudad de Buenos Aires, fue en la Universidad de El Salvador, a la que concurría para estudiar Publicidad, donde conoció a Zeta Bosio, el futuro bajista de Soda Stereo. A partir de 1979 comenzaron una relación que en 1982 se materializó con el inicio de los ensayos. Poco tiempo después se acercó el baterista Charly Alberti y así se armó el trío que logró fama mundial.

El primer disco, Soda Stereo (de ese álbum son “Sobredosis de TV” y “Vitaminas”) arribó en 1984. Luego llegaron Nada personal (1985), Signos (1986) y Doble vida (1988). Soda ya era por entonces una leyenda viviente, la voz de Gustavo, el estilo pop-rock del grupo dejaban una huella que se convertiría en imborrable en la historia del rock en español y sus giras por todo el continente lograban una inusitada masividad.

La década de 1990 llegó con Canción animal (disco cercano a lo más clásico de nuestro rock), siguieron con Dynamo (1992) y terminaron con Sueño Stereo (1997) antes de la despedida del trío en el estadio de River en 1997 con el espectáculo “Me verás volver”. Tras el camino transitado, temas como “En la ciudad de la furia”, “Persiana americana”, “Música ligera”, “Nada personal”, “Corazón delator”, “Cuando pase el temblor” o “Signos” se convirtieron en parte de lo más preciado del patrimonio de la cultura urbana argentina.

Previo al final de Soda, sin embargo, Cerati había comenzado con sus discos solistas a partir del excelente Amor amarillo (1992). Ya luego de la ruptura vienen Bocanada (1999), Siempre es hoy (2002) y Ahí vamos (2006), este último editado el año en que una trombosis le da el primer gran susto médico de su vida.

Poco después, en 2007, el mítico trío retornó a las tablas a una década de su separación para una gira latinoamericana que quedará en la historia como una de las más importantes y masivas de un grupo de este continente y del rock en castellano. Resuelven, de ahí en más, volver cada cinco años, proyecto truncado debido al ACV que Gustavo sufre en 2010 en su gira de presentación de su último disco: Fuerza natural (2009).

Para la libros quedan otros álbumes como Colores santos, a dúo con Daniel Melero, su participación entre 1985 y 1988 en la banda Fricción en guitarra y coros, acompañando a su amigo Richard Coleman, y su más serio ingreso en la experimentación de la música electrónica con Plan V entre 1995 y 1998, proyecto del que nos quedan dos discos: Plan V (1996), editado en Chile, y Plan Black V Dog (1998).

En su carrera, Cerati ganó cuatro Grammy latinos y un Gardel de Oro. Su talento compositivo y musical le permitió recorrer diversos estilos manteniendo una identidad a lo largo de casi 30 años de trabajo sobre los escenarios. Desde aquellos jóvenes de peinados extraños influidos por The Police y el new wave de los primeros años ochenta, este guitarrista y cantante constructor del pop-rock nacional se acercó a lo largo de su carrera a la música electrónica, al funky, al punk-rock, al ska, entre tantos otros estilos.

Como sucedió con el fallecimiento de Spinetta, a pesar de los años y los problemas médicos Cerati entra en coma y finalmente muere en una plenitud creativa que nos deja la sensación de que la suya era una tarea aún sin terminar a pesar de todo lo realizado. Lejos de repetirse, como sucede con muchas figuras del rock, su camino solista estaba demostrando que aún le sobraba paño para continuar siendo un referente actual de nuestra música.

Los últimos cuatro años de su vida los pasó en coma, sólo sostenido por la espera de un milagro de parte de sus familiares -su madre Lilian Clark, sus hijos Benito y Lisa, su ex mujer Cecilia- y sus fans, que se contraponía a la lógica de la medicina en su ciudad de la furia.

Autor obsesivamente detallista, guitarrista extremadamente profesional -los ensayos de Soda eran de lunes a lunes, sin excepción-, músico que hizo del eclecticismo un sendero para dar siempre un nuevo salto de calidad en la experimentación estética, Cerati se convirtió en uno de esos extraños ejemplos de virtuosismo y masividad a la vez, con millones de placas vendidas de sus discos en todo el mundo.

Sus restos fueron velados anoche en la Legislatura porteña. Miles de personas hicieron fila allí para darle un adiós, a sabiendas de que lo verán volver, porque personas que lograron producir lo que él hizo en estos años dedicados a la música, nunca mueren.